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Blade Runner: una introducción a la filosofía

Posted: domingo, 1 de mayo de 2011 by Contacto in Etiquetas: , , ,
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País: Estados Unidos, Hong Kong
Año: 1982
Duración: 117 min.
Género: Thriller, Acción, Ciencia ficción
Reparto: Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos, M. Emmet Walsh, Daryl Hannah, William Sanderson, Brion James, Joe Turkel, Joanna Cassidy, James Hong, Morgan Paull, Kevin Thompson, John Edward Allen, Hy Pyke, Kimiko Hiroshige, Bob Okazaki, Carolyn DeMirjian, Ben Astar
Guión: Hampton Fancher, David Webb Peoples
Distribuidora: Warner Bros. Pictures
Productora: Shaw Brothers, Ladd Company, The, Run Run Shaw
Presupuesto: 28.000.000,00 $

“Todo lo que él quería eran las mismas respuestas que todos buscamos: de dónde vengo, adónde voy, cuánto tiempo me queda.” Deckard

Blade Runner fue estrenada en 1982 y ya se considera todo un clásico de la ciencia ficción, no solo por toda la influencia que ha ejercido sobre otras películas de ciencia ficción - como puede ser Matrix- o sobre el ciberpunk, sino también, por una serie de preguntas filosóficas que formula y que presentan una continua actualidad.

A pesar de que los efectos especiales hoy están bastante anticuados, la acción rápida de la película, los guiños al cine negro de los años 30 o 40 o incluso al western -con una temática que se puede relacionar a la de Sólo ante el peligro-, hacen que la película pueda ser atractiva para un público muy diverso.

Ahora bien, la mirada que trataré de ejercitar, con una clara intención didáctica – y siguiendo los consejos de Theodore Cooke en su artículo Using Blade Runner in Your Introduction to Philosophy Course -, la centraré fundamentalmente en poner de manifiesto los problemas esenciales del ser humano que la película presenta y, sobre todo, en el replanteamiento que a partir de Blade Runner podemos hacernos sobre qué es lo que nos hace ser personas. Mi expresa intención es remarcar los aspectos del guión fílmico que sirven para complementar el guión de mis clases de Filosofía e Historia de la Filosofía. Y, desde esta perspectiva, los puntos que trataré básicamente, aunque en el redactado están un poco mezclados, son:

1.     La dimensión personal del ser humano.
2.     Forma y límites en el reconocimiento de la identidad personal.
3.     La moral: ¿acaso matar a Dios humaniza o transhumaniza?
4.     El tiempo, el amor y la muerte.
5.     La vida personal como narración.

1. La dimensión personal del ser humano: sentimientos, logos y memoria
Blade Runner está ambientada en el futuro, en 2019, en la ciudad de Los Ángeles. Un grupo de Replicantes Nexus-6, robots creados por la Tyrell Corporation e  idénticos virtualmente a los hombres, han capturado una nave y se dirigen a la Tierra, planeta al que tienen prohibido el acceso, con la esperanza de descubrir su fecha de caducidad. Los replicantes quieren alargar sus vidas pero la policía tiene unidades especiales, que reciben el nombre de Blade Runners, encargados de “retirar” a estos seres cibernéticos.

Aunque los replicantes no son seres humanos, físicamente se parecen y, mas aún, actúan y piensan como nosotros. De hecho, la única manera de distinguir un replicante de una persona es por medio de la prueba Voight Kampff – que parece inspirada en el famoso Test de Turing -; prueba que trata de detectar las señales fisiológicas de la empatía y sirve para determinar a quién debe matar Deckard, el Blade Runner protagonista.



En este punto podemos comenzar a formularnos ya unas cuantas preguntas que nos introducen de lleno en la perspectiva filosófica. Por ejemplo, aunque un replicante no estuviese hecho del mismo material que nosotros, si fuera capaz de reaccionar y responder al igual que cualquier otra persona – Cfr., Searle, J., ¿Es la mente un programa informático?, en Investigación y ciencia, p. 162, 1990. - ¿no deberíamos reconocerlo como persona?  Y, por otro lado, observando sólo los estados fisiólogicos y la conducta, ¿podemos afirmar que el otro – humano o replicante – tiene experiencias similares a la nuestra? Es más, ¿podemos afirmar que los otros tienen mente, teniendo en cuenta que solo tenemos experiencia directa de nuestros propios estados internos?

Deckard aplica la prueba a Rachael, quien trabaja para el Dr. Tyrell, y descubre, con mucha dificultad, que ella también es una replicante, aunque ella no lo sabe. La incredulidad de Deckard se hace patente cuando se pregunta: "¿cómo puede no saberlo?” El Dr. Tyrell señala que le ha introducido un pasado personal en su memoria – recuerdos, experiencias que pertenecen a la infancia de su sobrina – que sirven de apoyo a sus emociones logrando así su mayor y progresiva humanización. Es decir, la memoria junto al desarrollo de sus sentimientos y su capacidad racional son la base de su identidad que le hace reconocerse a sí misma – tener autoconciencia - como humana. Memoria que a su vez, como señala el doctor, a ella le sirve para encontrar su identidad y al que la manipula para controlarla.

2. Forma y limites en el reconocimiento de la identidad personal
El hecho de que Rachael tenga recuerdos de acontecimientos que nunca ha experimentado realmente nos plantea un problema respecto a la consideración de lo qué entendemos por identidad personal. Según Locke, ni el alma, de la que no tenemos experiencia, ni el cuerpo, que puede sufrir modificaciones radicales con el paso del tiempo, pueden ser el fundamento de nuestra identidad personal; lo único que justifica nuestro yo es la conciencia, la uniformidad de la memoria. Ahora bien, si el cuerpo de Rachael posee el cerebro de la sobrina de Tyrell, ¿quién ha sobrevivido a la operación que ha unido ambas partes? Los avances tecnológicos hacen que este planteamiento no sea inverosímil y, sin embargo, ¿qué criterios nos servirían para saber quién sobrevive? Aunque nuestra sociedad hace hincapié en el cuerpo como marca de nuestra identidad: ¿qué problemas se presentan aquí cuando decimos que una persona es idéntica a su cuerpo? Y, por último, si los transplantes de cerebro o implantes de memoria son verosímiles, ¿quién puede afirmar que esto no haya sucedido ya?, ¿no seremos nosotros mismos un replicante?; y Deckard, ¿es un replicante, como sugiere el director de la película?

Más adelante, Rachael salva la vida a Deckard y éste, en una escena conmovedora, a pesar de que su jefe quiere que tambien mate a Rachael, le promete no matarla. Vemos claramente cómo, aunque Rachael está fabricada en un laboratorio, Deckard siente la obligación moral de protegerla, como si se encontrara ante otra persona. Ante Deckard, Rachael pasa a ser un sujeto legal portadora de derechos y deberes. Deckard lejos de considerar a Rachael como un objeto o cosa, como una mesa o un sofá, que no tiene derechos ni tiene por qué ser, por tanto, respetada, hace de ella un ser individual valioso en sí mismo; una persona digna. Ahora bien, si estamos dispuestos a considerar como personas a replicantes como Rachael porque parece que tiene pensamientos y sentimientos similares a los nuestros, ¿por qué no considerar personas a nuestras mascostas e incluso a un oso de peluche con el que un niño ha desarrollado su infancia?

La famosa diferencia de Descartes entre substancias extensas y substancias pensantes es fulminada en el momento que la replicante Pris, en un esfuerzo por convencer a JF Sebastian de su dimensión personal, pronuncia el famoso argumento de Descartes cogito ergo sum (pienso, luego existo). Literalmente, el guión dice: “I think, Sebastian, therefore I am.” Y pongo la frase original porque desgraciadamente, en un momento de alta tensión filosófica como éste, el traductor se lució diciendo “yo creo, Sebastian, que eso es lo que soy.”  Pero, volviendo al hilo de nuestras cuestiones, ¿podemos señalar en éste caso alguna diferencia si la declaración la pronuncia un hombre o un replicante, algo que no es engendrado sino que se produce en un laboratorio? Rachael se ve y actúa como lo haría un ser humano, e incluso está hecha del mismo material orgánico que nosotros. Entonces, ¿qué razón nos queda para no considerarla persona?

Aunque nosotros somos concebidos mediante la reproducción sexual y los replicantes se construyen en un laboratorio, más allá de nuestra diferencia en los puntos de origen, ¿hay alguna diferencia fundamental entre un replicante y un humano que nos permita decir categóricamente que nos diferenciamos los unos de los otros? Además, si tenemos en cuenta el desarrollo actual de la biotecnología deberíamos replantearnos  nuestra identidad como seres humanos incluso en nuestro punto de origen. Si bien, históricamente, la identidad humana venía justificada por la combinación azarosa de un cierto material genético (antropología física), ahora gracias a la biotecnología estamos alcanzando un control desbocado sobre la materia de nuestra identidad.  La posibilidad real de una civilización eugenésica, exige replantear los principios que configuran la identidad humana y valorar las posibles consecuencias filosóficas en nuestra dimensión personal.

3. La moral: ¿Acaso matar a Dios humaniza o transhumaniza?
Blade Runner también tiene la virtud de mostrar “la muerte de Dios” anunciada por Nietzsche en una metáfora audiovisual contundente, llena de tensión y belleza.


Una de las características fundamentales del ser humano es, o ha sido, también la de tener un padre, un padre moral que da la vida, orienta y limita.  Por otro lado, quizás sea también una característica humana la de rebelarse y pedir más al creador. Los replicantes buscan, como cualquier humano, que su creador les dé respuestas y sobre todo tiempo para poder luchar por sus vidas. Los replicantes tienen miedo a morir y exigen, con una desesperación muy humana, que sean modificadas sus capacidades. Cuando Roy, angustiado ante la muerte, asesina brutalmente a Tyrrell, su creador, se humaniza, asumiendo trágicamente su destino y recordándonos a los espectadores que nosotros también tenemos fecha de caducidad. Ahora bien, ¿detrás de la brutalidad que supone el asesinato del Creador, no podríamos ver en Roy un gesto de trans-humanidad que se manifiesta en su falta de resignación, en su deseo de vivir y su amor a la libertad? ¿Qué harías tú si supieses el tiempo de vida que te queda?

Como señala Hegel en la Fenomenología, el reconocimiento de los derechos o libertades pasa por una guerra a muerte entre el “señor” y el “esclavo” que busca ser reconocido. ¿Acaso no fue necesario en la Revolución Francesa cortar la cabeza al rey (representante de Dios en la tierra) para que el hombre pudiese crear sus propios derechos humanos? ¿Puede el hombre ser verdaderamente libre si su moral está sometida a imperativos que no proviene de su propia razón?

El aspecto juguetón de Roy, al final de la película, parece recordarnos a ese niño de Nietzsche que crea más allá de los valores tradicionales para escribir su propio camino, un camino que quizás ya tampoco sea del hombre, sino solo del  übermensch (superhombre o transhombre).

4. El tiempo, la muerte y el amor
El deseo de más tiempo de los replicantes los humaniza pero seguramente es el amor el aspecto más sorprendente que hace que podamos reconocerlos como personas. El amor libera del tiempo y rompe fronteras. Cuando Deckard le dice a Rachael que toca muy bien, hay una exaltación del presente mediante el amor, que hace que ya no importe su pasado ni su identidad, que todos los miedos se borren. Es como si Rachael naciese en ese momento; como si naciese en tanto que ser digno de amor y, en ese sentido, como portadora de derechos. 

Al final de la película, en el montaje del productor, el amor libera a Deckard y a Rachael también del futuro, del tiempo que les queda. El amor humaniza a Rachael pero también a Deckard al generarle sentimientos; la fuerza del sentimiento que les une hace que escapen de la esclavitud del tiempo, del miedo a la muerte. Gracias a la pasión amorosa, los protagonistas, muestran un desdén ante lo que les queda porque son felices en ese momento.

Pero también hay otra forma de amor - una forma de amor que sólo es posible a un ser sin resentimiento-, esto es, el amor a la vida de todos por encima de todo; es el amor que Roy muestra claramente al salvar a Deckard.

5. La vida personal como narración
No obstante, cuando Roy salva a Deckard también podemos verlo como una autosalvación. Después de escuchar las campanas que anuncian su muerte, Roy hace un monólogo que dibuja su identidad personal; un monólogo que, a diferencia de la transparencia del yo buscada en la modernidad, busca su identidad en el ir y venir del yo al contexto; un modelo de monólogo propio de nuestra forma contemporánea de darnos identidad. La visión personal de Roy vive gracias a la narración, narración que solo puede sobrevivir si le perdona la vida a Deckard. Acaso, ¿aquello que no podemos contar, no parece como si no hubiese existido?

Ante las puertas de la muerte, Deckard, con una paloma en la mano, que podríamos interpretar como el búho de la sabiduría, reflexiona y toma conciencia de su vida aunque ya sea demasiado tarde:

Cuando la filosofía pinta su gris sobre gris, entonces ha envejecido una figura de la vida y, con gris sobre gris, no se deja rejuvenecer, sino sólo conocer; el búho de Minerva sólo emprende su vuelo al romper el crepúsculo.  
(Hegel, Fundamentos de la filosofía del derecho, 1820)
 

                                                               
Damián Cerezuela Frías

Avatar II

Posted: domingo, 28 de marzo de 2010 by Contacto in Etiquetas: , ,
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Dirección y guión: James Cameron. País: USA. Año: 2009. Duración: 162 min. Género: Acción, ciencia-ficción, fantástico. Interpretación: Sam Worthington (Jake Sully), Zoë Saldana (Neytiri), Sigourney Weaver (Dra. Grace Augustine), Michelle Rodriguez (Trudy), Giovanni Ribisi (Selfridge), Joel David Moore (Norm), C.C.H. Pounder (Mo’at), Wes Studi (Eytukan), Laz Alonso (Tsu’Tey), Stephen Lang (coronel Quaritch), Matt Gerald (Lyle). Producción: James Cameron, Jon Landau y Rae Sanchini. Música: James Horner. Fotografía: Mauro Fiore. Montaje: James Cameron, John Refoua y Stephen Rivkin. Diseño de producción: Rick Carter y Robert Stromberg. Vestuario: Mayes C. Rubeo y Deborah Lynn Scott.
El infiltrado 
Segundo itinerario de lectura

Avatar trata de un conflicto colonial, o también de qué es un infiltrado.
Un nuevo recurso –se trata de un mineral quasi prodigioso - hace nacer un conflicto en la lejanía (otro planeta). Como en el presente, las dificultades de extracción se liman militarmente con una mano y con la otra se masajean con el tacto de la investigación empática. Avance simultáneo de la negación fuerte y el reconocimiento curioso-admirativo.
Con el componente “antropólogo respetuoso” se introduce a un infiltrado. La investigación ha conseguido el colmo de cualquier antropólogo: poder ser un avatar de la tribu estudiada. Poder acercarse en la igualdad anulando cualquier distanciamiento interpretativo. Ser como ellos. Pero siguen siendo ellos: de ahí que toda la maniobra no deja de ser una infiltración.
El infiltrado siempre se vuelve agente doble. Pues al estar con los otros, vivirlos, al instalar los vasos comunicantes y las bisagras de lado a lado, se contagia. Y es que nadie está absolutamente falto de razón. El héroe se rebela, rechaza la misión inicial y cambia de bando.
“Yo era un héroe que luchaba por la paz y de repente desperté” . Entender Avatar, comprender esta película, consiste en llegar a saber en qué lado despierta. Aquí el héroe está contra la realidad: jerarquía y mando. En la realidad sólo hay rostros con cicatrices y órganos que caducan. Haciendo un trabajo viejo y sucio, como la guerra sucia, podría conseguir unas piernas para caminar.
Pero, en la virtualidad del avatar no hay herida, ni pliegues biográficos: vuelve a nacer. En la virtualidad del avatar la comunicación se da en selvática armonía y en la exploración de las potencias perceptivas, no sólo camina: vuela.
Cuando empieza la batalla el héroe ya está entre los nativos y como uno de ellos, y está de su lado y lucha con ellos contra la fusión de militares y empresa colonizadora. Sus armas: la comunicación en red, el encuentro de cuerpos-signos en alianza con todo el polimorfismo animal y vegetal que la virtualidad permite: ahí ellos son puro software libre contra el hard del mineral buscado, los metales de las naves y armas, el soporte duro exoesqueleto que encapsula lo orgánico en la realidad (metáfora de la ciudad).
¿Por qué pierden los malos? Porque inician una guerra basándose en la ciencia de la comunicación, se creen eso de que el medio es el mensaje o lo de que una mentira muy repetida triunfa fácilmente (como el PP el 13 de marzo, creen que hay un tam-tam que convoca y concierne a todos). Pero quienes han visto la película saben que la batalla se produce en la zona del planeta que hace opaca la comunicación: ahí rige el pásalo.
¿Por qué no ganan los buenos? Vencen la batalla pero dejan marchar a los terrícolas que quedan. Pero no ganan la guerra. No ganan porque el héroe en el transcurso de la batalla ha ido introduciendo la palabra de mando. Ha hecho intervenir en la guerra las armas de la tierra. El héroe ha intensificado las instrucciones. El polimorfismo virtual pasa a ser atravesado por las ráfagas de subfusil: continuos formularios y actualizaciones sin fin.
Si en la tercera parte de Matrix vimos cómo se reconcilian el hacker y Microsoft (Neo y Matrix) al final de avatar asistimos al autoalineamiento, los vencedores forman pasillo de despedida expulsión de los vencidos, pero esas dos líneas del pasillo ocupan muy poco espacio en el plano. Lo de los lados es para la publicidad.
by: Antonio Martínez Márquez

Avatar I

Posted: by Contacto in Etiquetas: , ,
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Dirección y guión: James Cameron. País: USA. Año: 2009. Duración: 162 min. Género: Acción, ciencia-ficción, fantástico. Interpretación: Sam Worthington (Jake Sully), Zoë Saldana (Neytiri), Sigourney Weaver (Dra. Grace Augustine), Michelle Rodriguez (Trudy), Giovanni Ribisi (Selfridge), Joel David Moore (Norm), C.C.H. Pounder (Mo’at), Wes Studi (Eytukan), Laz Alonso (Tsu’Tey), Stephen Lang (coronel Quaritch), Matt Gerald (Lyle). Producción: James Cameron, Jon Landau y Rae Sanchini. Música: James Horner. Fotografía: Mauro Fiore. Montaje: James Cameron, John Refoua y Stephen Rivkin. Diseño de producción: Rick Carter y Robert Stromberg. Vestuario: Mayes C. Rubeo y Deborah Lynn Scott.


Internet amenazado

Avatar trata de unos malos que quieren extraer un mineral de un planeta. Exterminando si cabe a los habitantes guais, que viven una comunidad con poca jerarquía y conectados, su característica principal es que tienen un rabo que es un bioconector: pueden estar en red sin pagar internet.
Pero en el lado de los colonizadores hay quienes quieren hacer compatible el negocio con la preservación. Sí, hasta que una frase nos mete en la película de verdad: "yo era un guerrero que luchaba por la paz y de repente desperté del sueño". Está claro, no se encuentra la disyuntiva guerra y paz: la paz es imposible mientras haya cualquier guerra, o bien es paz inmoral, sueño. Despertar es ver que la decisión es en qué bando estás de una misma guerra: y lo de la paz queda como para más adelante: sea como y por Bush o sea como y por Obama, pero en la guerra.
Pero Avatar no es tan simple: porque resulta que en esta película el bueno es como el traidor y malo de Matrix: es el que elige habitar la virtualidad.
En Matrix el traidor quiere vivir sin saber ni recordar nada y como millonario: la realidad le parece asquerosa y con comida monótona, y considera la libertad como vida sacrificada.
En Avatar el bueno no quiere vivir en su cuerpo con silla de ruedas ni con piernas nuevas. Quiere habitar en el Avatar: mientras su cuerpo está en un ataúd de ciencia. La diferencia con Matrix es que en este caso el soldadote marine en su existencia virtual se hace consciente, solidario, se "educa en valores" y obviamente conoce el amor verdadero.
El Avatar es el mejor perfil posible de internet: la primera mentira de los perfiles es la estatura, la siguiente el pelo, después los ojos... y ello en un mundo de internet por natura y sin recibos...
Despierta y lucha contra los que lo han llevado al planeta, cambia de bando, se pone militarmente con los débiles contra la empresa y su militarismo, arriesga la vida por un árbol especial, comunica con los que ama y lo aman....
Han sido tres horas de Facebook.
Aunque también puede ser que alguien nos esté diciendo todo lo que habrá que jugársela por un internet libre.
by: Antonio Martínez Márquez

CC

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