Ciudad de vida y muerte, mitos nacionales (2)

Posted: sábado, 12 de noviembre de 2011 by Contacto in Etiquetas: , , ,
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Ciudad de vida y muerte
Dirección y guion: Chuan Lu
País: China 
Fecha de estreno: 22 de abril de 2009
Presupuesto estimado: 12 millones de dólares


1. ¿Más de lo mismo?

En mi última entrada hablé de Battle for honor, una película bielorrusa basada en la defensa de una fortaleza soviética en el marco de la segunda guerra mundial. La película que nos ocupa esta semana, Ciudad de vida y muerte, narra la defensa (y masacre) de la ciudad de Nankín, durante la segunda guerra chino-japonesa. De nuevo, tenemos la defensa de una plaza como conflicto y la dinámica supervivencia-sacrificio como polos emocionales, tenemos agresión extranjera y enaltecimiento del heroísmo y, con él, el topos del mito nacional. Y ahora, toca defender por qué lo que en la película bielorrusa no funciona, aquí sí. Con los mismos elementos, apuntando en la misma dirección, Ciudad de vida y muerte es una buena película pese a las banderitas y las proclamas. En cuanto al cine nacional, hablaré de banal aboutness, de Mette Hjort, otro de los aspectos importantes a la hora de ir repartiendo etiquetas y pegatinas.

2. Un malo como dios manda

A diferencia de Battle for honor o la anterior En tierra hostil, en esta película tenemos la presencia del otro, personajes enteros, bien dibujados, consistentes. Además, tenemos las dos caras de la moneda: así como ahora se destila el tipo malvado-cabroncete con el que es difícil no encariñarse, en la película tenemos al demonio del general Iwane y a un joven oficial que va en busca del heroísmo y se lo acaban comiendo los remordimientos. Esto, por un lado, acaba con el maniqueísmo idiota y retrata mejor lo que es una guerra, procurando verosimilitud y ahuyentando el olor a panfleto. Humanizar al enemigo desplaza el centro de atención de la nación a temas como la solidaridad humana o las clases sociales, dándole un poco de vuelo a lo que en primera instancia parecía otra película sobre los horrores que sufrió la patria y la necesidad de estar unidos bajo no se sabe bien qué y una bandera.


 3. Banal aboutness

Podríamos traducir este término como referencia banal (se aceptan sugerencias) y consiste en la aparición, en escena, de elementos relativos a lo nacional cuyo peso específico es puramente ornamental. Es decir, que en una película salga la Sagrada Familia o se coma paella no implica que estemos hablando de cine español, o si lo hace, será en un sentido laxo del concepto de nacional. El pintoresquismo como paisaje de fondo celebra una especificidad obvia y que no tiene mayor alcance que la verdad inmutable de que los sitios distintos son, efectivamente, distintos.

Ciudad de vida y muerte pese al sustrato nacionalista funciona mejor porque se aleja del modelo americano y presenta una especificidad más atrayente. Gran parte del cine chino, japonés o de Hong Kong responde a un sentido del ritmo, a un cuidado del detalle y la fotografía, de la puesta en escena, distinta al cine occidental. Pese al diálogo entre ambos cines, Yimou, Kitano, Wong Kar-Way y Kim Ki-Duk, por mencionar a lo más conocidos, manejan un lenguaje cinematográfico propio que se traduce en los aspectos mencionados antes. En ese sentido, Ciudad de vida y muerte, habla de un mito nacional chino desde un lenguaje cinematográfico propio, pese a algunas concesiones.

Junto a la representación del otro, el otro atractivo de la película son sus méritos formales. Una cámara al hombro que no marea, una fotografía muy cuidada, y unas escenas muy duras tratadas con sobriedad. El guion dosifica bien la trama y procura un ritmo muy atractivo. El mejor ejemplo es la escena que recoge la celebración de la victoria japonesa con un ritual samurái, escena que podéis ver en el tráiler enlazado. 


4. Sobre el cine nacional


El concepto de cine nacional se acostumbra a utilizar para referirse a el cine que, en oposición al cine comercial norteamericano, se produce en países con industrias cinematográficas pequeñas. De la resistencia económica se pasó a la especificidad, y por ello se refinó el término y pasó a designar a aquel cine que, de algún modo, consignaba una especificidad nacional. De ahí que dentro de este paraguas cupieran cines de países tan distintos como el danés, el armenio o el yemení. Como podemos observar, el acento - y el interés- se desplazó a uno de los polos de la cuestión: la nación estrangulada por las representaciones extranjeras y omnímodas, dejando de lado la otra cara de una misma idea. Es aquí cuando entran las consideraciones sobre el cine bélico como generador de mitologías privadas.
  
Gorka Maiztegui Zuazo

Battle for honor, mitos nacionales (1)

Posted: lunes, 17 de octubre de 2011 by Contacto in Etiquetas: , ,
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Battle for honor - The Brest Fortress
Dirección: Aleksandr Kott
Guion: Aleksey Dudarev, Ekaterina Tirdatova, Igor Ugolnikov, y VVAA.
Bielorrusia - Rusia  2010
Presupuesto: 7 millones de dólares 


Esta semana, en Cinerosos, proponemos un ejercicio de agudeza visual que va algo más allá del juego de las siete diferencias. Compararemos dos películas con un obvio aire de familia, una bielorrusa y otra china, hablaremos de la épica y del mínimo común denominador del cine nacional, las hazañas bélicas. Como la cosa dio de sí, lo he dividido en dos entradas: una centrada en Battle for honor y otra en Ciudad de vida y muerte.

Americanada bielorrusa

Battle for honor (a.k.a. The fortress of Brest) es una producción bielorrusa que narra la defensa de una fortaleza soviética durante la segunda guerra mundial. El protagonista es un niño que toca en la banda de la guarnición que defiende la plaza, y será el que vertebrará las varias tramas que sostienen la película. En ese sentido es interesante ver cómo se confunde la exhaustividad que busca la verosimilitud con la simple variedad de tipos: las tramas se desarrollan a partir de núcleos que cubren un espectro amplio de la audiencia: niño enamorado, familia, pareja joven, oficial veterano, oficial joven, etc. Pasamos de Eisenstein (¿y Dickens?) a una tipología propia de un estudio de mercado que procura la mímesis y, a la vez, la falsa sensación de un universo propio.



Una de los mayores reproches que se le puede hacer a esta película es que se le ve el cartón o, como dicen por ahí, el andamiaje. Lo edénico del principio de la película se vuelve puro sacrificio redentor al final. Los alemanes son un monigote (lo que está fuera, lo otro, el mal) así que el partido se juega en casa. Y ese es el lugar de lo predecible, lo seguro, la valentía y, en fin, el honor. La película no tiene otro fin que enaltecer los valores de sacrificio por la patria (y como siempre, de forma oblicua, los de la libertad o algo así) y del heroísmo individual que cristaliza en la idea de nación. O “lo que hicieron unos pocos hombres valientes” como ADN de mi país. En esta película se pueden encontrar todos los tópicos del género sin apenas artificio para su disimulo: un niño que obedece sin pestañear porque ya es un soldadito, un padre de familia al que no le preocupa tanto la invasión alemana como la incomprensión de su hija adolescente, un amante del cine que pierde a su amada por culpa del invasor (con violación de la madre tierra de por medio), etc.

Lo más interesante de esta película es el hecho de que ya la hemos visto muchas veces, pero firmada (y filmada) por los americanos. Y es precisamente esa diferencia la que ayuda a entenderla; cuestión de automatismos. Acostumbrados a la americanada propagandista y vacua, te sorprende encontrar el mismo producto en el mercado bielorruso. Sin duda es una experiencia del concepto de ideología que manejaba Marx (Feuerbach) y que ha derivado, con el tiempo, en algo así como las ideas y simpatías políticas de cada uno. En este caso, el shock ideológico converge en el concepto de cine nacional.

El cine nacional y la droga bélica

Siguiendo a Vitalli y Willemen podemos rastrear el origen del concepto de cine nacional en la formación de la industria del cine norteamericano. Las productoras norteamericanas, para acabar con la competencia francesa, acuñaron la etiqueta de “American Cinema”, para hacerse con el monopolio del mercado cinematográfico. De este modo, a través de la cultura nacional y la unificación de criterios, se aseguraron una buena tajada de audiencia y, de paso, establecieron la troika cine-industria-Estado. Con el paso del tiempo, el concepto de cine nacional ha pasado a designar lo opuesto: ese contracine producido en países pequeños que intenta resistir a la colonización cultural americana y expresar lo nacional de cada una de ellas. Pese a todo, no está de más tener presente el origen del concepto.

La definición de Susan Hayward de lo que es una nación es bastante útil al respecto: la nación es una entidad abstracta, una comunidad imaginada que se autodefine y se presenta como natural. Ella está pensando en EUA, y puede que, por ejemplo, en el estado español quizás se le pueda poner alguna pega (o no), pero sirve para explicar lo que viene a continuación. Los mitos nacionales (incluidos los fundacionales), se narrativizan como Bildungroman autoevidente y de esencia asumida. Battle for honor, así como muchas otras películas bélicas, encarna lo peor de esta tradición.

El nacionalismo también se exporta; el cine americano es un buen ejemplo de ello. Battle for honor repite todos los tics de ese cine americano de sacrificio y redención para legitimarse como nación, añadiendo la carambola de que hablamos de una Bielorrusia que pertenecía a la Unión soviética y que no obtuvo auxilio en su defensa, asunto que queda claro en la película pero sobre el que no se cargan las tintas, poniendo un huevo en cada cesto.

Tampoco es mala idea, y con esto termino, atender a los excesos de este tipo de género cinematográfico, pues de algún modo, nos señalan los defectos de esos productos amplificándolos. Me refiero a El nacimiento de una nación y El triunfo de la voluntad, dos obras de arte ideológicamente repugnantes, pero formalmente excepcionales.

Y después de esta sobredosis de testosterona, una recomendación como antídoto: Senderos de gloria. La semana que viene hablaré de Ciudad de Vida y muerte y cerramos el artículo.

                                                            Gorka Maiztegui Zuazo

Gracias por fumar y la sofística en las sociedades de control

Posted: martes, 4 de octubre de 2011 by Contacto in Etiquetas: , , ,
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Título: Gracias por fumar 
Título original: Thank you for smoking 
Dirección: Jason Reitman 
País: Estados Unidos 
Año:2005 
Fecha de estreno: 22/09/2006 
Duración: 92 min. 
Género: Drama, Comedia 
Reparto: Joan Lunden, Eric Haberman, Aaron Eckhart, Mary Jo Smith, Todd Louiso, Jeff Witzke, J.K. Simmons, Marianne Muellerleile, Cameron Bright, Alex Diaz 
Guión: Jason Reitman 
Distribuidora: ContentFilm International 
Productora: ContentFilm, Room 9 Entertainment, TYFS Productions LLC  
Presupuesto: 6.500.000,00 $
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“El departamento de ventas se ha convertido en el centro, en el "alma"(...). Ahora, el instrumento de control social es el marketing, y en él se forma la raza descarada de nuestros dueños (...). El hombre ya no está encerrado sino endeudado.” (DELEUZE: Post-escriptum sobre las sociedades de control).
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Gracias por fumar explica la historia de Nick Nailor, un personaje cuya profesión consiste en defender a la industria tabacalera americana ante la opinión pública. Su capacidad para persuadir, para argumentar a favor de tesis más que dudosas, con su sonrisa y sobre todo con su saber discurrir, hacen de él un encantador de masas invencible en su cometido.
           
El parecido del protagonista con los sofistas de la antigua Grecia se hace patente en su dominio de la retórica, esto es, en el arte de persuadir independientemente de la validez de las razones aducidas (fíjense en la escena del colegio). Nick defiende que lo único que orienta los distintos puntos de vista, equivalentes inicialmente en tanto que “el hombre es la medida de todas las cosas”, es la utilidad que le puedan proporcionar. Pero a diferencia de los escrúpulos morales que mostraba el relativismo de Protágoras, Nick Tailor es sencillamente un egocéntrico que no tiene ningún inconveniente en practicar la erística - como los sofistas que siguieron a los grandes maestros o la campaña política que PPSOE acaban de comenzar en vistas del 20N -, es decir, el arte de vencer en las discusiones refutando las afirmaciones del adversario sin considerar bajo ningún aspecto la verdad o falsedad de su planteamiento. Vean, si no, el inicio de la película:
  
  

 
--> --> -->Para Nick el éxito constituye la virtud. Y para ganar nada mejor que saber razonar, es decir, saber utilizar argumentos que validen tu posición o, al menos, que parezcan que así lo hacen. La negociación, en cambio, no es su estilo porque constituye un punto de equilibrio entre las pérdidas y las ganancias de los implicados, de manera que nunca es un verdadero éxito. Para Nick Tailor lo único importante no es alcanzar la verdad, sino conseguir aquello que se propone. Así se lo enseña a su hijo: 
  
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La función de la palabra para éste sofista posmoderno se sitúa en las antípodas del planteamiento socrático: mientras que para Sócrates lo importante es el diálogo entendido como una escucha activa que detecta las contradicciones de lo dicho para encintar la verdad en el alma de los participantes, Nick Tailor representa una posición nihilista que recuerda la enseñanza de Gorgias:

Nada existe.
Si algo existe, no puede ser conocido.
Si algo existe y puede ser conocido, no puede ser comunicado.

Desde esta perspectiva, lo único que existe son las apariencias que manipula el sabio. Cuando la palabra pierde el vínculo con el ser, deja de ser vehículo de verdad para convertirse únicamente en portadora de persuasión y de sugestión en aspectos prácticos de la vida. Y la independencia de todo valor absoluto cognoscitivo o moral, convierten a la retórica en un arma omnipotente.

El ritmo ligero de la película no descuida los momentos profundamente ingeniosos. En la siguiente escena, Nick reduce al absurdo el planteamiento de su hijo, mediante un cambio de discurso o tablero de juego. La escena sirve como muestra de que la verdad de una afirmación depende de la coagulación de diversos discursos que le dan sentido. En este caso, la libertad personal, al ser un valor intocable defendido por la ciudadanía norteamericana, le sirve a Nick para justificar una infinidad de posiciones a lo largo de su carrera. 

      
 

Foucault ilustró excelentemente en su Historia de la locura cómo mientras en la Edad Media se consideraba al loco como aquel que está afectado por una facultad especial, entre lo divino y lo demoníaco, a partir de una época determinada, gracias a la creación de múltiples discursos (médico, jurídico, etc), el loco pasó a ser un desposeído de raciocinio, un insano convertido en extranjero que se necesitaba controlar o encerrar debido al peligro que representaba. Ahora bien, ¿qué es lo que hace que se considere al loco de modo distinto? Sin duda, tal y como responde el mismo Foucault a partir de El Orden del discurso, las distintas relaciones de poder que hay detrás de la formación de los distintos saberes. Es decir, lo que entendemos por locura, su verdad, se relaciona con los intereses dominantes. O como dice el mismo Foucault de manera provocativa: la verdad “de hecho, solo es una invención de las clases dirigentes” (Foucault, Nietzsche, la genealogía, la historia. Valencia, Pre-textos,1997, p. 19).  

Nick es consciente de que para tener poder lo importante es disponer de la capacidad para plantear las cuestiones que dominen el imaginario colectivo. A él no le interesa descubrir si algo es verdadero o falso sino saber como se construye la verdad - su objetivo es producir el sentido-; sabe que si tiene la elocuencia para hacerlo puede cuestionar incluso que el tabaco pueda ser más peligroso que el queso (véase la película). De hecho, tenemos un sinfín de ejemplos en los continuos desvíos de interés que producen actualmente los medios de comunicación sobre temas que son más interesantes de tratar. Aunque en este caso mayoritariamente no se trata tanto de elocuencia por parte de los medios como de bombardeo continuo de estupidez. En este punto conviene recordar una reflexión de Deleuze en su obra Diferencia y Repetición:

“Como si no siguiéramos siendo esclavos, mientras no dispongamos de los problemas, mientras no dispongamos de los problemas como tales, de un derecho a los problemas, de la gestión de los problemas.”

Si pones tú el tablero todos jugarán a lo que tú quieres. Nick ha comprendido que el poder hoy no es aquello que te reprime sino lo que te hace ser lo que eres. Por eso sabe que, si consigue hacer que la industria cinematográfica de Hollywood participe en la creación de un modelo que seduzca a todos los espectadores, las ventas del tabaco se multiplicarán exponencialmente.

Nuestros gustos personales se fabrican en los despachos de telemarketing de las grandes empresas; desde allí se deciden los diálogos que íntimamente mantenemos con los nuestros. 
Damián Cerezuela Frías 


Idiocracy

Posted: lunes, 29 de agosto de 2011 by Contacto in Etiquetas: , , , ,
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Dirección: Mike Judge. País: USA. Año: 2006. Duración: 84 min. Género: Comedia.
Interpretación: Luke Wilson (Joe Bauers), Maya Rudolph (Rita), Dax Shepard (Frito), Anthony Campos (Secretario de Defensa), David Herman (Secretario de Estado), Sonny Castillo, Kevin McAfee (Bailiff), Robert Musgrave (Keller), Ryan Melton, Justin Long (doctor), Patrick Fischler, Darlene Hunt.
Guión: Mike Judge y Etan Cohen; basado en un argumento de Mike Judge.
Producción: Mike Judge y Elysa Koplovitz.
Música: Theodore Shapiro.
Fotografía: Tim Suhrstedt.
Montaje: David Rennie.
Diseño de producción: Darren Gilford.
Vestuario: Debra McGuire.
Estreno en USA: 1 Septiembre 2006.
Estreno en España: 15 Junio 2007.

"Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y sobre lo primero no estoy seguro" 
(Albert Einstein) 

Quizás el adjetivo más idóneo para esta película es el que profirió una alumna de 2º de la ESO al calificarla de parida; no solo por el significado más común del término, despropósito o simpleza, sino también teniendo en cuenta la tercera acepción de la palabra según la Real Academia: obra, discurso, etc., que defrauda en gran medida lo que cabía esperar.

La película tiene una idea ingeniosa por la cual mereció la pena dedicarle una sesión a comentarla: Darwin no consideró que en el caso de los seres humanos, al no tener depredadores naturales, las leyes de la evolución pueden desembocar en las de la involución. Cuando la idiotez es tolerada por todos y promovida por nuestras instituciones, la inteligencia puede volverse contra el progreso de la especie. En un mundo dominado por la autoindulgencia epistémica, esa tendencia a deleitarnos en creencias confortables aunque mal justificadas, la persona perspicaz, paradójicamente, puede tener serias dificultades para sobrevivir. Y es que, como señalaba Voltaire, “la idiotez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás”.
                   

Aunque la acción se enmarca en el futuro, dentro de unos 500 años, la película no es sólo una advertencia sobre el atontamiento profundo al que se puede llegar (el ser humano es el único ser vivo que cuando toca fondo puede seguir cavando) sino fundamentalmente una sátira mordaz sobre nuestro presente. En el futuro, la película “culo” en la que únicamente se ve durante 90 minutos este trasero gana todos los Óscar, incluso el de mejor guión...
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Lástima que el potencial filosófico-político no haya sido desarrollado señalando con toda claridad las repercusiones que tienen, por ejemplo, las 10 personas más idiotas del mundo o las ideas más comúnmente aceptadas aunque no por eso menos peligrosas. En este sentido, no estaría mal hacer un pequeño ranking. A mi, por ejemplo, una frase que me pone muy nervioso es la  de “todo el mundo merece un respeto”, como si el valor de una idea o de una acción viniese de serie y no importaran sus consecuencias. En cuanto a las personalidades aspirantes al ranking, siendo actuales, cercanos y arriesgados, no estaría de más señalar a Esperanza Aguirre cuando, por poner un ejemplo, al ser preguntada sobre qué opinaba de Airbag respondió que es que ella sólo ve cine español; o Zapatero con sus políticas de "chiste-ra".

Quizás si la película hubiese arriesgado un poco más, si hubiese dado rienda suelta a una cierta crueldad incompatible con su continuo tono reconciliatorio (no se preocupen que no contaré el resumen ni el final del film), muy propio de las comedias, nos encontraríamos ante una película extraordinaria y un posible clásico de la ciencia ficción. Sin embargo, la película ha pasado bastante inadvertida, aunque quizás esto tenga más que ver con que, a pesar del tono cómico y reconciliatorio con el que se desarrolla, no deja de existir una crítica feroz a la sociedad americana. El Gatorade se utilizará hasta para regar las plantaciones y el presidente Camacho de EEUU, en fin, sin comentarios:


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En cualquier caso, de lo que no debería caber ninguna duda (y digo “debería” por el tono reconciliatorio de la película) es que Idiocracy trata de una distopía, es decir, de una utopía negativa en tanto que la realidad es dibujada en términos antitéticos a una supuesta sociedad ideal.

Hasta el momento, seguramente hemos entendido idiocracia como el gobierno de los idiotas, teniendo en cuenta que la palabra está compuesta de la raíz idio- y de –cracia (κρατία, puede traducirse como “poder” o “gobierno”), pero si nos atenemos a la etimología vislumbramos otros posibles significados para la raíz idio-. Según Fernando Savater, la palabra idiota viene del griego idiotés, término utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás. De hecho, el término ἰδιώτης (idiotes) se utilizaba en la antigua Grecia fundamentalmente para contrastar a la persona que solo solía presta atención a sus propios asuntos y que generalmente tenia poca formación con el ideal político ateniense fundamentado en la convicción de que no hay mayor placer para el ciudadano que la participación en la vida pública. En este sentido, el actual movimiento 15M parece contradecir el posible destino que nos dibuja Idiocracia en la medida que muestra un deseo de vida común y una denuncia de los ἰδιώτης (idiotes), sobre todo, hacia aquellos políticos, banqueros o especuladores varios que, aunque puedan ser políticos de profesión no hacen política propiamente porque únicamente prestan atención a sus asuntos privados. Ahora bien, ¿por qué a pesar de los refunfuños generalizados de gran parte de los ciudadanos es posible que Camps ganase las últimas elecciones en la Comunidad Valenciana?

No es de extrañar que debido al cada vez más reducido espacio de las humanidades en Educación y la desconexión entre la vida privada y el destino colectivo, falten recursos a la hora de articular esa clara sensación de impotencia e indignación que atraviesa a muchas personas. Sin duda, la fuerte crisis económica y política de nuestros días está relacionada con una crisis cultural. El malestar actual se relaciona con una falta de horizontes, con el modo de organizar nuestra existencia y con nuestro modo de experimentarla. A diferencia de la película, el consumo desbocado no parece ser un placebo suficiente para el tábano que todo humano lleva dentro. La televisión y el fútbol no son drogas tan potentes, como las que “nos ofrecía” Huxley en Un mundo feliz o el futuro que plantea Idiocracia.


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Mientras una avalancha de basura entra en su casa este hombre del futuro ve la televisión sin inmutarse porque está su programa favorito. Adorno ya nos advertía de las islas de euforia que el sistema genera para desviar el malestar, rabia o en general cualquier fuerza que pudiese ser crítica para el sistema. En la Antigüedad era aquello de pan y circo y probablemente actualmente es el fútbol, el consumo hasta el paroxismo o el día del perdón. La diferencia es que los romanos, al menos, tenían un horizonte vital mucho más diáfano.

La idiocracia es la antítesis del ideal político de Platón, el gobierno de los mejores. Pero no sólo eso, la idiocia (en el sentido social del término) es como la cara oscura de nuestras democracias, su posible degeneración. Si Platón levantara la cabeza quedaría perplejo ante las mediocracias actuales, cuya definición podríamos aventurar como el gobierno de los medios (de comunicación) y de los medio-cres. En este sentido, la idiocracia sería el peor escenario de la mediocracia.

Es curioso que los políticos últimamente hablen de una especie de MIR que quieren implantar para mayor formación, según dicen ellos, y precarización del profesorado mientras que no se les ocurre que para gobernar un país o aspirar a ello no estaría de más saber inglés, un poquito de economía o haber adquirido unos principios éticos un pelín sólidos. El descrédito actual de las forma de gobierno por excelencia en Occidente sumado a la extensión del atontamiento mundial hace que la frase de Sir Winston Leonard Spencer Churchill cobre una fuerza indiscutible:

"El mejor argumento en contra de la democracia 
es una conversación de cinco minutos con el votante medio."

Un buen  antídoto contra la estulticia generalizada, a la que según Idiocracia nos vemos avocados como especie, seria tomarnos en serio algunas de las ideas que John Stuart Mill desarrolla en Sobre la libertad, 1850. Mill denuncia algunos de los peligros de la sociedad democrática: la opinión pública y la tiranía de la mayoría. El filósofo y economista inglés, que, dicho sea de paso, fue el primero en acuñar el término distopía, reclama la necesidad de originalidad ante el despotismo de la costumbre. Según el pensador, la libertad individual, una libertad que no se refiere al idiota puesto que Mill no la entiende como un egoísmo o un mero preocuparse de uno mismo, es positiva para el progreso de la sociedad. La variedad de opiniones es fundamental para la riqueza de todos. Y en este sentido, es muy importante mejorar la política, la moral y la educación, para hacer posible que la individualidad sea enriquecida en beneficio de todos.

Mill defiende que para promover el bienestar intelectual de la humanidad es necesaria la libertad para expresar opiniones y su discusión por cuatro razones:

1. Una opinión silenciada puede ser verdadera.
2. Aunque sea equivocada puede tener una parte de verdad.
3. Siendo verdad, a menos de que sea discutida puede ser considerada falsa debido a  los prejuicios de la sociedad.
4. Si no se expresa se puede debilitar y perder.


Mill justifica la libertad de opinión y  de expresión de todas aquellas opiniones que sea posible discutir, pero no de aquellas que no admiten ningún tipo de crítica o discusión posible.

Compárese esto ahora con el funcionamiento de la política en España y quizás podamos entender por qué Idiocracia es la mano negra que acecha nuestro presente. Estos días, en contra de las recomendaciones de Stuart Mill sobre la necesidad de discusión, el gobierno español y su mayor oposición quieren hacer una rápida reforma de la Constitución para limitar el déficit sin tener en cuenta a la ciudadania ni a sus propuestas. Una reforma exprés, después de años de discusión sobre otros asuntos más importantes que no han sido tocados, que sólo sirve para mostrar una servidumbre infinita ante los mer(kel)cados. No sé si estamos en una idiocracia pero, desde luego, el término despotismo "idiotado" podría definir perfectamente el estado actual de las cosas. Mientras tanto, en Wall Street se ríen a carcajadas ante lo que el gobierno español y su oposición quieren pactar para que parezca que hacen algo. El atontamiento aún no ha tocado fondo.

 Damián Cerezuela Frías


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Bazar solidario

Posted: lunes, 15 de agosto de 2011 by Contacto in Etiquetas: , ,
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Duración 47 minutos Formato betacam digital
Realización y producción Zeltia Outeiriño, Aleix Cortès
Guión Aleix Cortès, Zeltia Outeiriño
Dirección de Fotografía Zeltia Outeiriño
Edición Zeltia Outeiriño
Postproducción de vídeo Raúl Ciannella
Sonido de estudio Jacobo Méndez
Postproducción de sonido Oriol Cuspinera
Música Marcel Vila, Aleix Cortès
Interpretación Ginés Bolívar
Escenografía Marta Soto Formoso

                                       

 Si tenemos los muebles del comedor de caoba,¿por qué no podemos adoptar un niño a juego?


Esto no ha sido dicho por nadie pero se deduce de algunas operaciones internacionales de adopción por encargo. Adopciones de pago que  hacen rentable el butrón en la caja débil de la orfandad.

En 2007 vimos la tramoya del desplazamiento irregular de niñas y niños africanos; falsamente heridos rezumaban mercrominas: un teatro sanitario para el entretenimiento de la soledad, hastío e inutilidad que se amontona en el encierro doméstico de las vidas occidentales. En 2009 el terremoto de Haití también ha dado la ocasión para el secuestro con la miseria como coartada. La catástrofe transformada en feria de muestras de la industria de la solidaridad. En Haití, el solidario dar la oportunidad de otra vida a unas decenas de niños ha dado ocasión al fresco desparpajo para considerar la indocumentación de unos niños como señal de mercancía abandonada.

Se ha hecho tangible que gran parte del mundo sigue el camino, o se ha convertido en un pozo negro. Y aunque los verdugos no parecen identificables, las víctimas están al alcance de cualquiera que abra los ojos.

Desde el confort o desde la precariedad submileurista, infrasubmileurista o nieurista, se hace insoportable la extensión veloz de la miseria. No está en un gueto, tampoco es un submundo: es el mundo.

Estamos constatando que la globalización va aumentando por millones las vidas desperdiciables. También va incluyendo a las nuestras como espectadores. Chatarreado de manos y cerebros que es una inutilización e impotencia: ahí sólo queda sobrevivir o buscar el entretenimiento.

Pero no queremos ser espectadores. Queremos hacer algo. Somos conscientes de que en el primer mundo las instituciones “sociales” gubernamentales son estructuras autorreferenciales, burocracias que transforman las soluciones en problemas. Grandes orquestas de la dilación, que con las partituras de los impresos interpretan la sinfonía del aplazamiento. Y, respecto a algunas ONG pues ya hemos visto cómo cuando sale del donante la donación se convierte en ventaja y lucro del profesional del reproche y la recriminación….

Una nueva modalidad de solidaridad se está popularizando: el apadrinamiento. “El bazar solidario” es un documental que recoge el viaje desde la donación hasta contactar con el apadrinado. Hasta Colombia se fueron Aleix y Zeltia para filmar los efectos de un impulso solidario. Plano a plano la cámara va siguiendo el rastro de los 0´65 € al día con los que puedes apadrinar a un niño.





No vamos a explicar el documental, hay que verlo. Y, si te gustó el de M. Moore este no te va a decepcionar. El documentalismo entra en crisis cuando se regodea en el tremendismo o ahoga lo que podría verse como un aleccionamiento del espectador. “El bazar solidario” tiene la peculiaridad de que en ningún momento guían a los entrevistados. En ningún momento hay actuación ni escenografía y el ritmo brota de la toma, único elemento que organiza el desarrollo temporal.

De hecho Aleix y Zeltia fueron guiados por la ONG: sólo que lo que la cámara va recogiendo desmiente la autopromoción de la gerencia solidaria. Hay tomas de gran densidad visual: los gestos, las caras, las seriedades del haberse mudado…, que dejan la intervención de la ONG como una representación. Ahí se confrontan el falso documental y la literalidad a la que alude. Queda desmentido cualquier anuncio que haya motivado a alguien para apadrinar. Se desmienten las imágenes de sus anuncios, así como la letra grande y la letra pequeña.

De manera transparente y directa el espectador puede contemplar cómo la donación sostiene una estructura de permanentización de la dependencia, así como de banquerización de la miseria. En “El bazar solidario” verá un testimonio, de antología, sobre qué clase de bicho es eso de los microcréditos: el picor de la deuda contagiado donde casi no hay superficie biográfica. Oiremos como se describe con lenguaje macroeconómico: “materias primas”, “empresarialidad”…, lo relacionado con un crédito de 100 dólares (¡!). También podremos contemplar la grandilocuencia con que se describen los “desayunos nutricionales”: cada quince días e incluyen charla sobre cómo cocinar (¡!), lo que viene a ser: cómo hacer menú para ocho con la patata que se comería uno sólo.

La película termina con una reflexión sobre el apadrinamiento hecha por un hombre y una mujer colombianos en voz en off, que representa la voz del pueblo. Dicen que recibir ayuda de otros países a través del apadrinamiento supone "entender, cuando apenas eres un niño o niña, que ni tú, ni tu familia, ni tu país se desarrollan, simplemente, dependen", y al mismo tiempo vemos un grupo de niños riendo, no sonriendo, riendo desenfadamente... unas alegrías que no son las de quienes han recibido un regalo de algún padrino. La alegría que no deriva de ningún objeto, la alegría que se desprende del estar unos con otros, allí ,entre la hierba y en la soberana independencia de no tener que preocuparse de si hay algún enchufe cerca para poder jugar.


Antonio Martínez Márquez

El gran Vázquez

Posted: miércoles, 27 de julio de 2011 by Contacto in Etiquetas: ,
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Título: El Gran Vázquez
Título original: El Gran Vázquez
Dirección: Óscar Aibar
País: España
Año: 2010
Duración: 106 min.
Género: Comedia, Biográfico
Reparto: Santiago SeguraÁlex Angulo, Manolo Solo, Biel Durán, Enrique VillénMercè Llorens, Pere Ponce, Jesús Guzmán, Pep Sais, Itziar Aizpuru, Itziar Castro, Jordi Banacolocha, Pere Vall, Lita Claver, Hector Vidales, Alberto Vidal
Web: www.elgranvazquez.com
Distribuidora: Alta Films
Productora: Tornasol Films, Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), Castafiore Films, ICIC, Distinto Films




El gran Vázquez trata del paso de lo plano a lo tridimensional: de la historieta de tinta a la carne en movimiento. Y, Francisco Vázquez era alguien que hacía lo posible por mover la carne.

La película de Oscar Aibar empieza con un vividor y acaba con un vivido, en medio se encadenan extractos de su vida, sobre la base de que Manuel Vázquez era un artista del dibujo y de la fuga.

Nos presenta un personaje que cabalga las casualidades, por la avenida de las ocasiones, prestando más atención a la nueva oportunidad que a borrar las huellas de su "triles". Hay que verla, no voy a explicar el argumento, ni en sinopsis.

¿Cual ha sido su fortuna en los premios Goya? (Def.:Los Goya son eso donde se llama actor/actriz a cualquiera que salga en una película). Parece que los miembros de la Academia priman la sordidez y la vulgaridad abrillantada. Los Goya, además de pasar por alto que Santiago Segura ha demostrado que puede hacer más cosas, han cerrado los ojos a la excelente interpretación de Álex Angulo: un gran actor que puede sostener una escena sin que se monte con "fragmentitos" de uno a tres segundos… Pero, también puede ser que no hayan entendido la película o que lo que han entendido no les gustara.

Decir que es un `biopic´ es mostrar la propia pereza intelectual o simplemente un honesto mostrar que no se tienen palabras. El problema de si es un argumento más o menos libre respecto a la vida "real" de Manuel Vázquez es un falso problema. Si Homero no hubiera narrado la Ilíada nadie hablaría de Aquiles: no vale desautorizar a Homero por el supuesto auténtico Aquiles del que no hay otra crónica que la del propio Homero. Imagino que de la vida del dibujante de Anacleto había fragmentos narrados. Imagino que para Oscar Aibar, a la hora de hacer el guión, estos fragmentos eran tanto un decir como un hacer más literal lo desconocido.

¿Y si hubiera sido un documental? Todo filmar irrealiza lo contado. Incluso el documental o el reportaje más en directo es real en otro lugar que en lo filmado. Esa aspiración a la irrealidad mínima y asociada a la seriedad es en sus productos: prensa-cine amarillos, los telediarios. No hay más realismo fuera del humor.

Un desertor de lo que se le viene encima.

El gran Vázquez trata de los roces y rebotes de la creatividad dependiente. El gran Vázquez trata de la precariedad del trabajo artístico. Vemos a Vázquez como un artesano/artista frente al mercado: la lógica de la distribución lo sitúa en la disyuntiva entre el adocenamiento o ser prescindible. Pero Vázquez no quiere trabajar en serie y quiere una biografía fuera de serie.

La película muestra muy bien el nacimiento de la gerencialidad ejercida sobre la creatividad, momento de reconversión y captura parasitaria de la historieta por la distribución. (El perrito de Mariscal ya nace como producto industrial y la referencia a que tiene autor es un componente más de valorización). Vázquez no puede romper las máquinas, como los ludistas, ni cortarse las manos, ni borrarse la habilidad: su producto es la forma y el contenido de la mercancía personaje. Una mercancía que nace de su habilidad e idiosincrasia, pero ya capturada por las condiciones de su distribución. En la novela histórica de Michael Chabon, Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, se explica la importancia de dominar el mercado, muy popular, de la historieta y del cómic en Estados Unidos.

En la película de Oscar Aibar se refleja muy bien ese momento en el que se reconoce la propiedad intelectual pero sólo en su desposesión, cuando engrosa la carpeta de copyrights de la empresa. Vázquez habla de "sus" personajes, pero, puestos en el mercado, él solo puede estar vinculado a ellos aceptando la rutinización del trabajo y la disciplinarización de su presencia. El gran Vázquez no presenta una gran guerra, como aquella de la prensa amarilla por el personaje The Yellow Kid, es una batalla individual perdida. Perdida como muchas otras que han hecho posible que se consolide la expropiación de las habilidades artísticas y los hallazgos expresivos singulares; que sólo puedan circular licenciables y bajo abusivas condiciones de patentabilidad: en perjuicio del propio autor y en beneficio de los Tedy….


Antonio Martínez Márquez

CC

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