Centauros del desierto

Posted: martes, 10 de julio de 2012 by Contacto in Etiquetas: , , ,
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Título: Centauros del desierto
Título original: The searchers
Dirección: John Ford
País: Estados Unidos
Año: 1956
Duración: 119 min.
Género: Drama, Aventuras, Western
Reparto: John Wayne, Jeffrey Hunter, Vera Miles, Ward Bond, Natalie Wood, John Qualen, Olive Carey, Henry Brandon, Ken Curtis, Harry Carey Jr., Antonio Moreno, Hank Worden, Beulah Archuletta, Walter Coy, Dorothy Jordan, Pippa Scott, Patrick Wayne, Lana Wood
Guión: Frank S. Nugent
Productora: Warner Bros. Pictures
Presupuesto: 3.750.000,00 $


        Centauros del desierto trata de la puerta. Lo que hace casa es la puerta. El mundo es lo que se ve desde la puerta. En la estética de Centauros del desierto lo que hace cine es el encuadre.

     Cinematográficamente la película trata de la puerta como metáfora del encuadre, de la delimitación del campo. El contracampo es lo que está por exterminar, lo imprescindiblemente a excluir, para hacer posible una obra y no otra. También los apaches serán exterminados para hacer posible una determinada manera de vivir. El límite del encuadre, ese obstáculo, es a la vez condición de posibilidad.

       Así como salen de la casa también la cámara viaja. ¡De qué manera!, de una manera que te hace olvidar que lo que ves está filmado. Comenzar reconociendo un límite integra al espectador y borra la distancia. Un realismo que no se busca en la adecuación del reflejo objetivo, se consigue por la inmersión del espectador en el espectáculo. No hay montaje de atracciones, ni saturación de simbología, ni cualquier encadenamiento que presuponga un mundo semiotizado. Hay presencia geológica de una enormidad para la que los hombres ni pinchan ni cortan. Ahí ya te has olvidado del encuadre. De la misma manera que el mestizaje, que es la presencia manifiesta de los dos lados, será aceptado porque produce todos los efectos de ser familia, (Lo mestizo es presentado como un azar, un existente de ningún lugar). También el ojo se olvida de dónde provienen las imágenes, se olvida del híbrido técnica y naturaleza. 
 
       El horizonte es el suelo del cielo y el suelo de la casa el horizonte de la silla y la mesa: hábitat de la raza blanca. El balancín en el porche es un híbrido que comunica el adentro con el afuera, un afuera entendido como despliegue de "las maneras en la mesa".

     En Centauros del desierto, como en la Odisea, gran parte de la historia transcurre indirectamente, contada en una carta, una carta leída por una blanca instruida, junto al fuego y escrita por un mestizo inmerso en la oralidad, alguien que escribía igual que hablaba. Una doble oralidad que complica la historia y sus efectos, pero que fija el quién y el qué de lo humano y lo no humano. Y que ya es una primera crónica. Los apaches son mostrados confundiendo manta y chica, no hacen historia. Y la culturización comanche es presentada como idiotización.

La toma de la tierra: violencia, escritura y oralidad

     La película ha sido juzgada bajo esquemas de antropología cultural que ahogan la verdad simple y terrible que presenta: la toma de la tierra. Carl Schmitt , en su obra "El nomos de la Tierra el derecho de gentes del ius publicum europaeum", explica cómo Estados Unidos crea un nuevo derecho internacional como extensión de las reglas de su colonización del Oeste. Centauros del desierto presenta muy bien el choque de dos voluntades, no hay ningún derecho que sea anterior a ese choque, ni diálogo posible: es una la lucha por la posesión que no busca el reconocimientoo del otro, por eso no hay dialéctica. Los mexicanos habían ganado la batalla del Álamo pero no toman la tierra, En la lógica de la película los mexicanos no toman la tierra porque pactan, dialogan con los nativos, no quieren enemistarse y rechazan la lucha definitiva. Por eso su derecho queda ambiguo.

       Pero es una guerra sin reglas y por eso la reglamentistica del shérif o el ejército formal resultan caricaturescos ante lo que se dirime. Rescatar a una sobrina es dirimir quien se reproducirá allí. El causus bellum es totalmente atávico y una autoafirmación "no quiero lo bueno porque es bueno. Es bueno porque es lo que quiero". El hambre también es un arma, un asedio en el exterior que obliga al desplazamiento. Profanar tumbas también será imprescindible. Desplazamiento, expulsión y exterminación no pueden dejar lugar ni para muertos: si hay tumba hay raíces. Nacer no es suficiente para tener derecho (obvio: los blancos vienen de otro sitio) pero tener muertos enterrados, recinto de cementerio, hace nacer derecho. 
 
        Gran parte de la acción está marcada por otra oralidad, la del diccionario que empieza y acaba con la palabra "no". La fundación e institución de un orden no transcurre como intercambio de mensajes, no presupone ningún consenso ni ninguna razón común. Ese momento constituyente no hay ninguna escritura que dicte, se da como lucha entre dos autopercepciones que se excluyen una a otra como sujeto de ningún derecho. Ahí quien intenta entender al otro aparece como "la confusión delirante" y se niega a sí mismo. Es el personaje del loco que no quiere sentarse a la mesa con silla firme, quiere un balancín y moverse entre la casa y la naturaleza.

      Quienes escriben cartas y mueven dinero obtienen una ventaja tecnológica. La carta y el dinero son dos circulantes que transportan la sedentarización. El despliegue nómada sólo es reconocido como anhelo de asentamiento y bajo la reproducción aplazada. El despliegue nómada es el afuera, es un despliegue de dispersión tribal, bajo un lenguaje deficitario de rastros, huellas, vestigios. Un afuera que no puede esconderse, que va dejando su firma en la letra pequeña de las pistas e indicios para su localización. Un mundo tan frágil con el que basta el arma y las persuasiones del hambre. La inteligencia y el tener razón vendrá con la victoria. 
 
                        

     Esa guerra adopta la forma de una guerra de razas que, como dice M. Foucault, se consolida como derecho y normas en racismo de Estado. En esa guerra lo mestizo es un azar, mezcla de contagio moral, un adoptable si cae del todo de este lado y es incorporado por papeles: el testamento y matrimonio. El mestizo pertenece al orden de lo anecdótico y casual. El mestizaje es una indeterminación inconsentible, y, más tarde, integrada sólo como inferioridad funcional.

Desahucios

       Centauros del desierto trata del desahucio a gran escala: a millones de personas. Desahucio a quienes miran sin contar y ven sin medir. Desahucios con el papel, su letra pequeña, la firma y la culpabilización del desconocimiento. Desahucios calificando de acto voluntario lo que transcurre en un mundo de espacio y tiempo trucados. Confiar en lo dicho y no escrito es el estigma que hace perseguible, desahuciable, y todavía más perseguible. 
      La deuda es presentada como la cicatriz, la marca de vidas sacrificables. Pero esa herida es abierta por la misma deuda y su calculística que confunde hipoteca con biografía y propiedad con poder vivir. No hay salida bajo un derecho que en el momento de la verdad se desdice.

Antonio Martínez Márquez

El devenir revolucionario de Willard

Posted: martes, 26 de junio de 2012 by Contacto in Etiquetas: , , ,
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Dirección             Glen Morgan
Producción          James Wong y Glen Morgan
Guion                   Glen Morgan, Gilbert Ralston
Música                 Shirley Walker
Protagonistas      Crispin Glover, R. Lee Ermey, Laura Elena Harring, Jackie Burroughs
Países                 Canadá, Estados Unidos
Año                      2003
Género                Terror
Duración              100 minutos
Productora           New Line Cinema
Presupuesto        $22.000.000




“(…) no ser más que el hombre, no salir de ahí; es el ahogo, la pesada ignorancia, lo intolerable.”  BATAILLE. G., La experiencia interior.

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1.   Del psicoanálisis al esquizoanálisis: la casa de Willard (estructura psíquica) como punto de partida.

Willard, de modo similar a Norman Bates (Anthony Perkins) en Psicosis (1960), vive en una casa de tres plantas que refleja y contiene las tres instancias que forman su psique: arriba el Superyó formado por la figura autoritaria de su madre y sus demandas imposibles, en el sótano las pulsiones ilícitas del Ello, y en la planta principal su Yo lidiando con ambas partes para mantener los límites que ve reflejados en la pintura de su padre ya muerto.

La casa de Willard tiene componentes suficientes para analizar su historia como un cuadro clínico freudiano que partiría de un complejo de Edipo mal llevado hasta culminar en una enfermedad mental desencadenada por la ausencia de su padre. Pero, nada más lejos de nuestro propósito que querer canalizar la pluralidad anárquica del deseo en la dialéctica carencia/satisfacción propia del sistema capitalista. Frente al psicoanálisis, nos parece más interesante la propuesta que hacen Deleuze y Guattari al pensar el deseo en sí mismo y en relación a las fuerzas que laten bajo la representación edípica:

(…) el deseo no amenaza a una sociedad porque sea deseo de acostarse con su madre, sino porque es revolucionario. Lo cual no quiere decir que el deseo sea algo distinto de la sexualidad, sino que la sexualidad y el amor no viven en el dormitorio de Edipo, más bien sueñan en algo amplio y hacen pasar extraños flujos que no se dejan acumular en un orden establecido. (DELEUZE, G. y GUATTARI, F., El antiedipo: capitalismo y esquizofrenia)

En la teoría freudiana, el inconsciente, formado en este caso por la madre y las ratas, no es más que un teatro transcendente, eterno y universal, que representa un triángulo incestuoso entre el hijo, la madre y el padre. Para el padre del psicoanálisis, el deseo es siempre deseo de acostarse con la madre (¿con la suya?) y solo bajo la represión se normaliza el sujeto. Cualquier otro deseo que no encaje en su teoría debe ser expulsado de la sociedad: “En cuanto a los que no se dejan edipizar, bajo una forma u otra, el psicoanalista está para llamar en su ayuda al asilo o a la policía” (DELEUZE, G. y GUATTARI, F., El antiedipo: capitalismo y ezquizofrenia). En definitiva, el diván acaba siendo otro instrumento de control social que aleja el verdadero problema: el campo social. Pero, ¿y si el deseo en lugar de entenderlo como carencia, como plantea Diotima en la primera parte de su discurso en El Banquete de Platón, o a partir de la privación de la ley, lo entendiésemos como productivo? ¿Y si considerásemos que el inconsciente, en vez de ser un teatro, es una fábrica que hace que las necesidades sean un efecto del deseo y no del deseo un efecto de las necesidades?

Lejos de reconducir el deseo y limitarlo al cuadro familiar, el esquizoanálisis, político y social, de Deleuze y Guattari, no propone representar, ni interpretar, ni simbolizar; más bien, pretende liberar flujos deseantes de la subjetividad abriendo nuevas líneas de fuga frente a las normas sociales imperantes. El devenir-revolucionario que Willard experimentará con sus nuevos aliados, a diferencia de la terapia individualizada de la teoría edípica que se pliega al Poder territorializador, liberará una potencia inusitada de alcance sociopolítico.

Que una eclosión de deseo se produzca en la célula familiar o en una escuela de barrio, poco importa, lo cierto es que siempre cuestionará las estructuras establecidas. El deseo es revolucionario porque siempre quiere más conexiones y más agenciamientos. Pero el psicoanálisis corta y aplasta todas las conexiones, todos los agenciamientos. El psicoanálisis odia el deseo, odia la política. (DELEUZE, G., Pourparlers.)

2.   De la casa al universo: el encuentro con Sócrates y los peligros del mundo nuevo.

FRANCIS BACON: Painting, 1946.
Deleuze y Guattari, en el Antiedipo, vigorizan la experimentación de nuevas relaciones con el mundo y con uno mismo. Freud y su marco familiar son demasiado estrechos para explicar las derivas del deseo hacia el universo; demasiado angostos para dar cuenta de la multiplicidad que somos, irreductible a una identidad. Más acá de la transcendencia familiar o divina, la pregunta que guía a Deleuze, en Spinoza y el problema de la expresión, establece una respuesta en términos de potencia. ¿Qué es lo que puede un cuerpo? La estructura de un cuerpo es la composición de su relación. Lo que puede un cuerpo es la naturaleza y los límites de su poder de ser afectado.

El encuentro de Willard con Sócrates, su nuevo y único amigo, provoca un aumento de sus posibilidades. Gracias a él toma conciencia de la injusticia que reina en su vida y aumenta sus dimensiones, cambiando de naturaleza y destino, a medida que aumenta sus conexiones. El protagonista siente fascinación por el grupo de ratas con el que se siente ligado por solidaridad, a pesar, o precisamente, por la heterogeneidad que supone dicha alianza antinatural. De este modo, acaba desobedeciendo a su madre y apostando por liberar sus deseos - mediante una metonimia con las ratas-.

Empieza el devenir-animal de Willard -y Sócrates será el outsider, el chamán, que le acompañará en sus primeros pasos -. La creación de líneas de fuga o de desterritorialización rehacen la identidad del protagonista al conectarse con su afuera en un devenir imperceptible que huye de toda lógica binaria, porque pasa entre los dos términos: ni rata, ni hombre; como el encuentro entre la abeja y la orquídea: nuevo bloque de espacio-tiempo, sin semejanza, ni imitación o identificación.

La orquídea aparenta formar una imagen de abeja pero de hecho hay un devenir-abeja de la orquídea, un devenir orquídea de la abeja, una doble captura, puesto que 'lo que' cada una deviene cambia tanto como 'el que' deviene. La abeja deviene parte del aparato de reproducción de la orquídea, la orquídea deviene órgano sexual para la abeja. Un mismo único devenir, un bloque de devenir (…) una 'evolución a-paralela de dos seres que no tienen absolutamente nada que ver el uno con el otro'. (…) nada que esté ni en una ni en otra, aunque puedan llegar a intercambiarse, a mezclarse, sino algo que está entre las dos, fuera de las dos, y que corre en otra dirección. (DELEUZE, G., PARNET, C., Diálogos.)

Pero no es fácil abrirse a lo desconocido, luchar por ese pueblo que falta, cuando uno se adentra en tierra nueva puede ser arrastrado. Big Bang, la rata fea y poderosa, viene con el mundo nuevo; y su fuerza acabará sembrando el caos en los planes de Willard.

3.   Un odio desbocado

Una de las paradojas más exacerbadas en estos días es la relación entre el banco y las personas: aunque el ser mismo del banco consiste en alimentarse de los ciudadanos, de sus proyectos, históricamente las personas pertenecen al banco. Ser es un deber, pero no un deber de ser, sino un estar siendo siempre en la deuda incluso antes de nacer - al menos para una gran parte de la población-.

Willard nace endeudado, nace encarcelado. Aunque trabaja cada día y cuida a su madre enferma, lo único que tiene es la casa donde vive y el desprecio, incomprensión y aprovechamiento continuo de su jefe. Pero su malestar no acaba aquí: en el mismo instante que muere su madre, el banco exige que se le paguen las deudas de la familia y su jefe aprovecha para despedirlo e intentar comprar su casa, para especular. Willard reflexiona: “Es mi casa, no es del banco…¿Por qué tengo que pagar yo por algo que hicieron mis padres?”

Willard mira retratos y se coloca las gafas del padre. Desde esa óptica se ve a sí mismo como la descendencia fracasada. “¿Recuerdo edípico de infancia? El recuerdo es retrato de familia o foto de vacaciones…El recuerdo bloquea al deseo, lo calca, lo hace regresar a los estratos, lo separa de todas las conexiones.” (DELEUZE, G., y GUATTARI, F., Kafka. Por una literatura menor). Willard piensa en suicidarse, como su padre.

Pero, finalmente, el protagonista, gracias al apoyo de su amigo Sócrates que poco después será brutalmente asesinado, decide emprender otros senderos. Su memoria ya no es psicoanalítica, aunque no olvida, sabe que el problema tiene otras fronteras. Quiere peinar el caballo de la historia a contrapelo. Ya no importará recuperar la empresa que su jefe le robó a su padre, si es que alguna vez le importó de verdad. Se empieza a amar a sí mismo y tiene cómplices, contranaturales, pero aliados al fin y al cabo. No tiene resentimiento contra la vida, dejó libre al perro después de darle un susto dentro de su maleta, pero tiene odio hacia lo que le ahoga injustamente; un odio desbocado.


4.   Apunte final: Willard contra el tiempo, a favor de un tiempo venidero

Si hay una constante en la película son los relojes. Willard adelanta el reloj al inicio de la película, escucha continuamente el tictac que marca el ritmo al que es incapaz de adecuarse, e incluso mira dos relojes que marcan horas distintas justo antes de querer suicidarse. Willard quiere desbordar los goznes del tiempo que marca y oprime su cotidianidad. Ya no se trata de libertad de poder elegir entre las alternativas posibles que confirman y conforman el mismo mundo, entre lo que le ofrece el contexto biográfico e histórico, sino de elegir poder (“power”), independientemente de las condiciones restrictivas a la experimentación.

El desahucio, el papel del banco, el maltrato a los animales, las extralimitaciones que se pueden producir en algunas empresas, o la soledad frente a problemas sociales, son algunos de los temas que conectan la película con la actualidad. Pero todos ellos son parte de un proceso que los engloba: el malestar en la cultura de Occidente, su desmoronamiento continuo y sin final.


Willard es el intento desesperado de repensar su destino, la exigencia de una respuesta contundente y sin demora, para que su vida no sea fagotizada – y devuelta en forma de deuda - hasta el paroxismo. Cada uno tendrá que decidir si la insostenibilidad de la existencia se reduce a su núcleo e historia familiar o si, por el contrario, compete a todo el espacio social; y en particular, a las alianzas que creen un planteamiento inédito para una situación en la que no valen los viejos remedios ni los valores caducos. Cuando algo se pudre, o se arranca o acaba corrompiéndolo todo por completo. Cabe ir al psiquiatra, y en muchos casos seguro que es la mejor opción, pero Deleuze lo tiene claro: “La única oportunidad de los hombres está en el devenir revolucionario, lo único que puede conjurar la vergüenza o responder a lo intolerable.” (DELEUZE, G., Pourparlers, Minuit, 1990).

Damián Cerezuela Frías

¿Con qué sueñan las muñecas hinchables? (Air Doll)

Posted: lunes, 2 de abril de 2012 by Contacto in Etiquetas: , , ,
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Título: Air Doll
Director: Hirokazu Koreeda
Guión: Yoshiie Goda (manga), Hirokazu Koreeda
Actores: Doona Bae, Arata, Itsujiro Itao
País: Japón
Año: 2009
Productor: Engine films, Bandai Visual company, TV Man Union
Duración: 125 minutos 

1. Pigmalión revisitado

Air Doll cuenta la historia de una muñeca hinchable que, a través del amor más bien turbio que le profesa su dueño, acaba cobrando vida. Por medio de este recurso, Hirokazu Koreeda plantea una fábula que, más allá de una lectura superficial, revela no sólo ciertas dinámicas sociales (que son, a su vez, síntomas de la ideología dominante) sino también las inercias formales que podríamos interpretar como un producto de las primeras. Valga como adelanto que en Air doll hay más de Amelie de lo que nos gustaría.

La historia se desarrolla en el Japón contemporáneo y las coordenadas en la que se mueve la trama son las de la soledad del individuo en el medio urbano. Dentro de ese contexto, la historia comienza presentando la extraña relación entre  Nozomi, la muñeca protagonista, y su dueño. Él la viste (para desvestirla después), la baña y come con ella, le comenta cómo le ha ido en el trabajo y la lleva de paseo en una silla de ruedas. Tras todo este “amor”, Nozomi cobra vida y aprovecha las ausencias de su dueño para explorar el mundo. Ya tenemos, pues, el conflicto: un mundo deshumanizado que buscará su redención por medio del itinerario vital de su protagonista, la ya mujer Nozomi.

Las divergencias con el mito de Pigmalión son interesantes: a diferencia de Galatea, Nozomi es un producto industrial fabricado en serie y diseñado para satisfacer las necesidades sexuales de los consumidores. Y no olvidemos, además, que Pigmalión se enamoró no de una mujer, sino de su propia proyección de las mujeres, de su idea de mujer y, en fin, de su creación. Ese narcisismo coincide con el del dueño de Nozomi: él quiere ese producto en serie en tanto que es capaz de contener todo lo que sus necesidades proyectan en ese objeto. La gran diferencia, y quizás en ella resida una de las claves del consumo actual, es que cuando Nozomi cobra vida, su dueño la repudia. O lo que es lo mismo: si el consumo es experiencia, ésta debe conducir al control en ambas direcciones: la muñeca hinchable no puede rebasar los límites de mi imaginación; de lo contrario, y parafraseando el viejo refrán, yo me convierto en su prisionero.



2. El buen salvaje
 
Nozomi, en tanto que recién nacida y pese a tener memoria del uso (y abuso) que su pasado encarna, se mueve por el mundo tocada por una inocencia edénica que la sitúa, mal que bien, como el salvaje romántico rousseauniano en medio de la fiebre capitalista de una ciudad japonesa. Nozomi es cándida y curiosa, deseosa de aprender y disfrutar de la belleza que descubre en cada pequeño detalle. Al principio hablé de la inercia formal y este es el primer paso en el proceso de “amelización de la historia”: un personaje de naturaleza excepcional que, con ayuda de su inocencia de hierro, desarma la mezquindad imperante de la sociedad que nos rodea; el Quijote pierde toda su ironía y le sustituye una suerte de hada madrina desfacedora de entuertos amorosos. Esta última analogía seguirá humeando: en el cuarto punto de esta crítica encontrará su columna vertebral. Pero antes...

3. Un soplo de aire fresco
 
Nozomi, pese a su nuevo status, no tiene necesidad de comer ni de dormir; la suya es una vida muy particular. Lo único que necesita es, claro está, aire. Y ese aire que la sostiene, tan necesario, lo obtiene, al principio, de una mancha para después, una vez que ha conocido el amor, conseguirlo a través de los pulmones del amado (que la hincha, claro está, por el ombligo). El alma, siguiendo a Aristóteles, es un soplo, pneuma, un aire caliente que diferencia los cuerpos inanimados del mundo físico y posibilita el movimiento. La maniobra, en Air Doll, está clara: lo que en la teoría del estagirita alcanza el alma a través de la física (igualando) aquí se individualiza a través de las pasiones. O lo que es lo mismo, aquí el alma no se tiene; se da o se quita. Y eso, según Air Doll, lo hacen los demás. Lo que nos lleva, con más miedo que esperanza, al siguiente punto:

4. Alienación y poética de la coincidencia. 

Quizás fue Magnolia la película que abrió la veda, pero hoy en día las películas que entrecruzan sus varias tramas por medio del recurso de la coincidencia casi constituyen un género. El azar resuelve, por medio de una magia de segundo nivel, los problemas que nos ocupan disipando, de paso, el gris que constituye eso que llaman rutina. Cuando este tipo de estructuras coinciden con las buenas intenciones del buen salvaje se consuma la “amelización de la historia”. Y es cuando resalta el déficit político de este tipo de planteamiento: está claro que las mónadas también tienen su corazoncito, pero con eso no basta.


El diagnóstico de la modernidad que presentan producciones como Air Doll es que el problema, fundamentalmente, es que nadie te quiere. La soledad no se plantea en otros términos que los afectivos, que parecen ser los únicos vínculos entre ciudadanos, susceptibles de rescatar y poner en valor. La alienación, de la cual “el lado frío de la cama” no era más que un síntoma, una sedimentación, se ha vaciado de contenido, desviado y presentado como una carencia meramente sensible. Como mucho, en Air Doll, la solidaridad toma la forma de una cadena de favores.

5.  A la basura con los sentimientos

Tras un amor fallido, Nozomi acaba en una basura, no sin antes repartir su aire en forma de esperanza entre los muchos personajes desgraciados de las subtramas. Al final, en un happy ending epifánico (vamos, de mentirijilla, como el de El fin de los días o El orfanato) Nozomi, en sueños, celebra el cumpleaños que jamás pudo tener. Sin “amor verdadero”, el cuerpo deviene objeto y, tras su consumo, se desecha. El egoísmo y la falta de entendimiento se medio resuelve por medio del sacrificio de la protagonista.

Quedan en el tintero, sin embargo, muchas de las varias lecturas que Air Doll ofrece; entre ellas, por supuesto, una interpretación desde una perspectiva de género; Nozomi es un artefacto de sustitución sexual, la cosificación de una idea cuya vagina, de plástico, se separa del cuerpo para limpiarla de sus residuos orgánicos. En tanto que contenedor de deseos sexuales su fin no desaparece incluso cuando cobra vida y se incorpora al mercado laboral.

Las muñecas hinchables sueñan, según Air Doll, con un amor que las constituya y les dé un cuerpo de verdad, luego sueñan con su derecho a la carne. Una carne y un alma que, a diferencia de lo que plantea Air Doll, es inimaginable sin la autonomía del que escoge amar en lugar de asumirlo, alegremente, como un imperativo categórico. 

                  Gorka Maiztegui Zuazo    



 

Dogville

Posted: lunes, 19 de marzo de 2012 by Contacto in Etiquetas: , , , , ,
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Dirección y guión: Lars von Trier
Países: Dinamarca, Suecia, Francia, Noruega, Holanda, Finlandia, Alemania, Italia, Japón, USA y Reino Unido. 
Año: 2003. 
Duración: 177 min. 
Interpretación: Nicole Kidman (Grace), Harriet Andersson (Gloria), Lauren Bacall (Ma Ginger), Jean Marc-Barr (El hombre del sombrero grande), Paul Bettany (Tom Edison Jr.), Blair Brown (Sra. Henson), James Caan (El gran hombre), Patricia Clarkson (Vera), Jeremy Davies (Bill Henson), Ben Gazzara (Jack McKay), Philip Baker Hall (Tom Edison padre). 
Producción: Vibeke Windeløv. 
Fotografía: Anthony Dod Mantle. 
Montaje: Molly Marlene Stensgaard. 
Presupuesto:10.000.000 dólares.

Siempre quise vivir en una torre de marfil, pero abajo, en el mar, una marea de mierda golpeaba sus muros incesantemente. Flaubert.



1. Cómo hacer visible lo invisible.

“No se trata de reproducir lo visible, se trata de volver visible” KLEE, P., Teoría del arte moderno.

Una de las virtudes de Dogville consiste en poner de manifiesto algunos aspectos virtuales del ser humano. Mediante la ficción de una pequeña comunidad que puede estar situada en cualquier lugar, von Trier analiza las perversiones a las que el ser más digno es capaz de verse abocado sin pestañear.

Dogville es una narración que pertenece a cualquiera. La casi total descontextualización de la película facilita analizar cuestiones universales relacionadas con la condición humana y, sin embargo, no impide singularizar lo que acontece.

La eliminación de puertas y paredes no responde al absurdo de llevar el teatro a la gran pantalla. Aunque el teatro tiene una infinidad de virtudes singulares, que no vamos a desarrollar en este comentario, sería un sin sentido limitar las posibilidades del montaje cinematográfico al marco teatral. La irrepetibilidad de cada representación, en el teatro, o los primeros planos que centran la mirada, en el caso del cine, son algunos de los múltiples ejemplos que hacen que cada arte conserve su singularidad inevitablemente.

El trajín cotidiano y la opacidad de las buenas formas impiden incidir en los aspectos más intolerables que se reproducen cada día en millones de idílicas comunidades. Ahora bien, von Trier sabe como romper con esta opacidad: el uso de la tiza y la eliminación de falsas fronteras para el poder totalitario, como puertas y ventanas, dibuja las diversas coagulaciones – nódulos – atravesadas por diversas relaciones de poder que constituyen la miseria cotidiana de nuestra civilización. De este modo, no solo consigue descontextualizar la historia de un espacio y tiempo determinados sino, y sobre todo, centrar nuestra mirada en un espacio sin obstáculos para el despliegue de la violencia y la humillación. A su vez, la ausencia de techos permite que la cámara emule el ojo divino y, sobre todo, mostrar cómo la visibilidad total (véase el panóptico) es una trampa que sirve para invadir el espacio de cada uno mediante el control absoluto de sus aspiraciones personales. Además, poder ver el movimiento de la ciudad bajo un mismo ritmo acentúa la idea de que el pueblo entero es un estado de sitio consentido por la connivencia mutua de todos los que encuentran su identidad en el hecho de adaptarse a lo que acontece sin reparos. 

Junto al uso de las líneas en el suelo que permite poner a las distintas formas o individuaciones y el fondo bajo un mismo plano de intensidad e indiscernibilidad, von Trier también se sirve de la luz como metáfora que señala un nuevo punto de vista de la protagonista sobre el pueblo: sus ideas son iluminadas u oscurecidas conforme aumenta o disminuye en este lugar sin horizontes, sumergido constantemente en la oscuridad.

Gracias a la lógica propia de Dogville, que acabamos de describir, von Trier se deshace de la mera aprehensión abstracta (“ser ante los ojos”) de los objetos representados. La película fuerza el pensamiento luchando contra la mera representación para presentar las fuerzas que subjetivizan a sus ciudadanos. Dogville deviene la experiencia de lo impensado en las entrañas de un pequeño clan.   

En definitiva, von Trier visualiza cómo las fuerzas invisibles pueden constituir nuestra actualidad, para mirarlas a la cara y que no nos cojan por sorpresa. Como dice Kafka: "Lo que cuenta finalmente no es lo visible, es captar, detectar, las fuerzas diabólicas del porvenir que golpean a la puerta." 


2. Hacia una microfísica de la miseria.  

«(...) se debe hacer un análisis ascendente del poder, arrancar de los mecanismos infinitesimales que tienen su propia historia, su propio trayecto, su propia técnica y táctica y ver después cómo estos mecanismos de poder han sido y todavía están investidos, colonizados, utilizados, doblegados, transformados, desplazados, extendidos, etc., por mecanismos más generales y por formas de dominación global» (FOUCAULT, M., «Curso del 14 de enero de 1976», en Microfísica del poder).

Frente a la concepción clásica del poder como agente central de soberanía, ya sea planteada mediante el contractualismo (que permite la opresión, de tipo jurídico, con fundamento en la posible legitimidad del poder soberano) o de la pura dominación represora de unas clases frente a otras (como en el caso del marxismo), Foucault propone una nueva mirada centrada en una trama de poder microscópico, capilar. Frente al Poder, von Trier, siguiendo el análisis planteado por Foucault, analiza las relaciones de fuerza que nos constituyen y constituimos desde las acciones, o parálisis, más banales de la cotidianeidad. 

El padre de Nicole Kidman es un gánster con Poder. En ese sentido, en un primer momento, el espectador se puede ver inclinado a expiar todos los males de la protagonista únicamente en relación a su progenitor. Ahora bien, como ocurre normalmente, los supuestos Poderes centrales, mayormente, no son más que la reverberación de las relaciones miserables que se repiten diariamente en millones de hogares.

Sin obviar la absoluta responsabilidad de aquellos que ostentan el poder, no se debería olvidar que muchos de los que no lo ejercen con tanta claridad o tan públicamente, virtualmente, son tan crudos o más que “los vencedores”. Sin duda, siempre ha sido más difícil defenderse del éxito que del fracaso, sea dicho "éxito" sin ningún tipo de ánimo justificativo por las caras más visibles del poder. Ahora bien, sirva de toma de conciencia: ¿se sabe que haría Palestina con Israel si pudiese? O, ¿se puede estar seguro de que ese vecino hundido en la miseria, que incluso puede que no pare de quejarse en el bar de todos los políticos mientras agasaja algún concejal hipócritamente por si pudiese “colocarle”, dirigiría mejor la comunidad si estuviese en sus manos o, en cambio, se resarciría de todo lo sufrido mediante la consecución de su interés personal y de los suyos? Es decir, ¿acaso el nepotismo, la corrupción, los abusos sobre el prójimo de todo tipo, etc., son exclusivos de los dirigentes? ¿Dónde se juega la política? 

Dogville es un análisis de los microfascismos que constantemente se reproducen y se permiten en el entorno más cercano. Lo miserable o lo noble no es exclusivo de los hombres y mujeres de acción; la inacción ( como la de Tom en muchos momentos) o los pequeños gestos cotidianos pueden ser tan letales o salvadores como la acciones más visibles.

Dogville señala que ser pobre, humilde y explotado no es suficiente para ser bueno y, mucho menos, revolucionario. El desventajado socialmente cuando tiene la ocasión puede ser más letal que el aventajado, sobre todo, si anida en él el resentimiento de alguien fracasado y decepcionado como Chuck. De hecho, Dogville, pone de manifiesto una comunidad fuerte con los débiles y débil con los fuertes tal y como muestra su pasividad ante el eco de las dificultades que viene desde fuera. ¿Quién no ha tenido nunca la impresión ante una personilla que abusa de su pequeña parcela de poder que, en el fondo, su estúpido pavoneo delata la impotencia padecida ante otras luchas más importantes no emprendidas debido a su infinita cobardía? En el ambiente endogámico de Dogville donde reina la pobreza, el aburrimiento y la tristeza de sus vidas desesperadas e insulsas, la llegada de Grace, lejos de suponer un acicate para renovar las relaciones viciadas y entumecidas entre los habitantes, sirve para desplegar la más oscura violencia ante lo que sienten como una amenaza para su apática pero apacible miseria.

El mundo está lleno de buenas personas y, sin embargo, tanta bondad lo hace insostenible. Tom representa mejor que nadie cómo la dependencia de su núcleo social le hace someterse, sin desafío alguno, a todas las normas de malvivencia. Su incapacidad para desprenderse lo convierte en una mera marioneta, una cascara vacía que no es más que, como dice Nietzsche de los que se apartan de su autenticidad, “envoltura exterior carente de contenido, una vestidura ajada, pintarrajeada, hinchada, un espectro aureolado que no suscita ya temor ni compasión”.

El cuerpo social en Dogville, lejos de representar una comunidad ideal de diálogo, como la propuesta por Habermas, no es fruto de una voluntad general ilustrada y liberada del miedo, padre de todas las miserias, sino más bien del acomodamiento y la autocomplacencia en las bajezas que los atraviesan. No existe comunidad de diálogo que no esté ya investida por relaciones de poder. Como dice Michel Foucault, en Microfísica del poder, “el gran fantasma, es la idea de un cuerpo social que estaría constituido por la universalidad de las voluntades. Ahora bien, no es el consensus el que hace aparecer el cuerpo social, es la materialidad del poder sobre los cuerpos mismos de los individuos.”

Por último, cabe señalar cómo la comunidad genera verdades acordes con los abusos que acomete. Hay que decir que, adelantándonos al siguiente apartado, la predisposición continua, la generosidad por encima de su dignidad, y el sentimiento de culpabilidad de la protagonista (por las inconveniencias ante la posibles castigos heterónomos) hace que Grace, al mismo tiempo que tiene mala conciencia, vaya entendiendo el endurecimiento de las nuevas reglas como forma de compensación. No en vano Nietzsche explicaba en la Genealogía de la moral que la mala conciencia viene de la culpa (Schuld) y la culpa no es más que una deuda (Schuld) entre un acreedor y un deudor.

Pero sin más dilaciones, y teniendo en cuenta que la relación entre la verdad y el poder ya la tratamos comentando Gracias por fumar, dejemos que, una vez más, sea Foucault quien nos ilustre sobre ésta relación para que sea el lector quien enarbole sus conclusiones junto a la película (como cuando, por ejemplo, las violaciones pasan a tener la misma importancia que si un campesino se desahogara con una vaca):

«Lo importante, creo, es que la verdad no está fuera del poder, ni sin poder (...) La verdad es de este mundo; está producida aquí gracias a múltiples imposiciones. Tiene aquí efectos reglamentados de poder. Cada sociedad tiene su régimen de verdad, su 'política general de la verdad': es decir, los tipos de discursos que ella acoge y hace funcionar como verdaderos (...). Por verdad no quiero decir 'el conjunto de cosas verdaderas que hay que descubrir o hacer aceptar', sino 'el conjunto de reglas según las cuales se discrimina lo verdadero de lo falso y se ligan a lo verdadero efectos políticos de poder» (FOUCAULT, M., «Verdad y Poder», en Microfísica del poder).
   

3. No le eches margaritas a los cerdos: fortaleza y generosidad

“La gente es igual en todos lados: animales rapaces. Pero en un pueblo tienen menos posibilidades. Alimentémolos y comerán hasta reventar.” Chuck.   

El primer paso para la degradación personal es la falta de respecto con uno mismo. Que el otro te pruebe para saber de qué estás hecho quiere decir, en primer lugar, mostrarle los límites que constituyen tu integridad. 

Tom quiere despertar a sus compatriotas de su letargo moral y nada mejor que la llegada inesperada de Grace para despertar la conciencia ético-política de la comunidad. A pesar de que Nicole Kidman es una desconocida y una fugitiva de la mafia, mediante una decisión soberana, el pueblo entero decide aceptarla. En Dogville reina la felicidad: Tom puede predicar con un ejemplo, el pueblo muestra lo bueno que es acogiéndola en esos tiempos tan difíciles, y Grace casi morirá de alegría al sentirse acogida. Ahora bien, para poder conocerla, Grace, aconsejada por Tom, se ofrece sin fisuras a ayudar a los habitantes del pueblo. 

Nadie la necesita pero todos acaban encontrando el modo de ayudarla e incluso le pagan algo de dinero. Sin embargo, debido a que el pueblo cada vez cree correr más peligro por ayudarla, tienen que pedirle cada vez más esfuerzo para una remuneración menor. De este modo, Grace se convertirá en la modelo perfecta de trabajadora acorde con la última reforma laboral que el PP aprobará en España con el beneplácito de CIU. 

La protagonista, agradecida por no haber sido expulsada, se entrega como si de un regalo se tratara ofreciéndose a cualquier tipo de tarea y poniendo la otra mejilla cuando es requerida. Es así como paulatinamente las relaciones de poder se acaban volviendo absolutamente unidireccionales hasta degradar en lo más bajo la dignidad de la invitada (con todo tipo de abusos y violaciones) e incluso inmovilizándola literalmente al ser encadenada con una cadena oxidada por el cuello. 

Lo irónico del asunto, enlazando con la relación entre poder y verdad que comentábamos en el apartado anterior, es que los agresores intentarán utilizar los propios argumentos de Grace para justificar la depravación ilimitada que ejercerán sobre ella: Chuck la violará recordándole que ella se disculpó por no haberse dejado acariciar y Ben justificándose en que ella había mostrado entender su debilidad con las prostitutas (como si ir con prostitutas y violar fuera lo mismo). 

A pesar de todo, Grace desde el inicio del film se muestra generosa y resistente. Grace ve la fortaleza y el dominio sobre sí misma como virtudes humanas (cosa que también será utilizada por Vera para humillarla) aunque, a diferencia de los estoicos a los que menciona para hablar de esta virtud, se olvida completamente de su dignidad y del cuidado de sí misma como elementos complementarios. ¿Acaso no se necesita primero el cuidado de uno mismo para poder ser generoso? ¿Qué puede regalar una persona que no cuida y enriquece su vida personal? En cualquier caso, la generosidad de la protagonista se hace a costa de su firmeza y esto será perversa y brutalmente aprovechado por los habitantes de Dogville. 


4. Godville. 

(San Mateo 24:30-39) Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. {31} Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta (…). {39} y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre. 

Grace llega a Dogville como una gracia (traducción literal del inglés) caída del cielo. Una gracia que aún siendo violada, explotada, traicionada, chantajeada y humillada hasta el paroxismo, quiere perdonar. No es difícil encontrar similitudes con el dogma judeocristiano: la vida de Grace es un vía crucis (por ejemplo, el esfuerzo por comprar las siete estatuillas nos recuerda los sietes pecados capitales) que le conduce hacia la luz y Tom intenta dirigir a su comunidad como si él fuera la misma Iglesia. Por último, el Todopoderoso, a pesar de que en este caso estar fuera de la ley lo convierta en un bandido, es semejante al Padre de Grace. Aunque conviene precisar: esta vez Dios viene para darle a su hija la oportunidad de escapar de las miserias de ese mundo y, al mismo tiempo, de crear una justicia acorde con su Humanidad.

Desde el punto de vista de la teología católica, Grace actúa como el amor divino. Cristo crucificado subvierte la noción de justicia humana gracias a su divinidad. Donde el hombre castiga, Cristo perdona. Y Grace quiere hacer lo mismo: abandonar su naturaleza humana para elevarse a lo divino. Sin embargo, el Padre ve un gran signo de arrogancia en esta decisión, que tiene que ver con la superioridad moral que siente su hija sobre los demás. Mientras que Grace pretende perdonar a los criminales justificándolos en las contingencias de sus vidas, el Padre cree que aunque “yo soy yo y mis circunstancias, si no las salvo a ellas no me salvo yo” (Ortega y Gasset).

Para el Padre es justo hacer lo necesario para que el que se deja guiar por sus instintos más bajos aprenda. Y no solo eso: piensa que su hija es injusta al perdonar cosas que no perdonaría a sí misma. Desde la perspectiva kantiana debemos obrar “sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal”, y Grace tiene una contradicción entre el trato que se da a sí y el que da a los demás. No obstante, Grace acabará corrigiendo esta contradicción racional desde el punto de vista humano para hacer del mundo un lugar mejor:

Padre: (…) los violadores y los asesinos puede que sean víctimas según tú, pero yo, yo los llamo perros y si lamen sus propios vómitos el único modo de detenerlos es con el látigo.
Grace – ¡Los perros sólo se guían por su instinto! ¿Por qué no íbamos a perdonarlos?
Padre – A los perros podemos enseñarles muchas cosas, pero no si les perdonamos cada vez que se dejan llevar por su instinto.
Grace – Soy arrogante, soy arrogante porque perdono a las personas.
Padre - ¡Por dios! ¡No te das cuenta de lo condescendiente que eres al decir eso! Tienes la idea preconcebida de que no hay nadie, no hay nadie, que pueda alcanzar los elevados valores morales que tú tienes y disculpas a todos. ¡No puedo pensar en nada más arrogante que eso! Tú, mi querida hija, perdonas a los demás con excusas que por nada del mundo te permitirías a ti misma.
Grace - ¿Por qué no voy a ser clemente? ¿Por qué?
Padre – No, no, no. Tienes que ser clemente cuando el momento lo exige, pero también tienes que conservar tus valores, se lo debes a ellos. El castigo que mereces por tus tropiezos, ellos los merecen por los suyos.
(…) Narrador: [describiendo la nueva idea de Grace] Si hubiera actuado como ellos, no habría podido defender ninguno de sus actos, ni habría podido condenarlos con suficiente dureza. [Pero] si uno tenía poder para enmendarlo su deber era hacerlo. Por el bien de otros pueblos, por el bien de la humanidad y, por si fuera poco, por el bien del ser humano que era la propia Grace.
(…) Grace: (…) quiero utilizar mi poder (…). Quiero hacer que el mundo sea mejor.

Finalmente, Moisés, el perro, será el único superviviente del pueblo, como si Grace-Jesús necesitara de nuevo al profeta, aunque esta vez, para escribir sus mandamientos desde el punto de vista de la vida.
               
Damián Cerezuela Frías

CC

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