El gran Vázquez

Posted: miércoles, 27 de julio de 2011 by Contacto in Etiquetas: ,
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Título: El Gran Vázquez
Título original: El Gran Vázquez
Dirección: Óscar Aibar
País: España
Año: 2010
Duración: 106 min.
Género: Comedia, Biográfico
Reparto: Santiago SeguraÁlex Angulo, Manolo Solo, Biel Durán, Enrique VillénMercè Llorens, Pere Ponce, Jesús Guzmán, Pep Sais, Itziar Aizpuru, Itziar Castro, Jordi Banacolocha, Pere Vall, Lita Claver, Hector Vidales, Alberto Vidal
Web: www.elgranvazquez.com
Distribuidora: Alta Films
Productora: Tornasol Films, Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), Castafiore Films, ICIC, Distinto Films




El gran Vázquez trata del paso de lo plano a lo tridimensional: de la historieta de tinta a la carne en movimiento. Y, Francisco Vázquez era alguien que hacía lo posible por mover la carne.

La película de Oscar Aibar empieza con un vividor y acaba con un vivido, en medio se encadenan extractos de su vida, sobre la base de que Manuel Vázquez era un artista del dibujo y de la fuga.

Nos presenta un personaje que cabalga las casualidades, por la avenida de las ocasiones, prestando más atención a la nueva oportunidad que a borrar las huellas de su "triles". Hay que verla, no voy a explicar el argumento, ni en sinopsis.

¿Cual ha sido su fortuna en los premios Goya? (Def.:Los Goya son eso donde se llama actor/actriz a cualquiera que salga en una película). Parece que los miembros de la Academia priman la sordidez y la vulgaridad abrillantada. Los Goya, además de pasar por alto que Santiago Segura ha demostrado que puede hacer más cosas, han cerrado los ojos a la excelente interpretación de Álex Angulo: un gran actor que puede sostener una escena sin que se monte con "fragmentitos" de uno a tres segundos… Pero, también puede ser que no hayan entendido la película o que lo que han entendido no les gustara.

Decir que es un `biopic´ es mostrar la propia pereza intelectual o simplemente un honesto mostrar que no se tienen palabras. El problema de si es un argumento más o menos libre respecto a la vida "real" de Manuel Vázquez es un falso problema. Si Homero no hubiera narrado la Ilíada nadie hablaría de Aquiles: no vale desautorizar a Homero por el supuesto auténtico Aquiles del que no hay otra crónica que la del propio Homero. Imagino que de la vida del dibujante de Anacleto había fragmentos narrados. Imagino que para Oscar Aibar, a la hora de hacer el guión, estos fragmentos eran tanto un decir como un hacer más literal lo desconocido.

¿Y si hubiera sido un documental? Todo filmar irrealiza lo contado. Incluso el documental o el reportaje más en directo es real en otro lugar que en lo filmado. Esa aspiración a la irrealidad mínima y asociada a la seriedad es en sus productos: prensa-cine amarillos, los telediarios. No hay más realismo fuera del humor.

Un desertor de lo que se le viene encima.

El gran Vázquez trata de los roces y rebotes de la creatividad dependiente. El gran Vázquez trata de la precariedad del trabajo artístico. Vemos a Vázquez como un artesano/artista frente al mercado: la lógica de la distribución lo sitúa en la disyuntiva entre el adocenamiento o ser prescindible. Pero Vázquez no quiere trabajar en serie y quiere una biografía fuera de serie.

La película muestra muy bien el nacimiento de la gerencialidad ejercida sobre la creatividad, momento de reconversión y captura parasitaria de la historieta por la distribución. (El perrito de Mariscal ya nace como producto industrial y la referencia a que tiene autor es un componente más de valorización). Vázquez no puede romper las máquinas, como los ludistas, ni cortarse las manos, ni borrarse la habilidad: su producto es la forma y el contenido de la mercancía personaje. Una mercancía que nace de su habilidad e idiosincrasia, pero ya capturada por las condiciones de su distribución. En la novela histórica de Michael Chabon, Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, se explica la importancia de dominar el mercado, muy popular, de la historieta y del cómic en Estados Unidos.

En la película de Oscar Aibar se refleja muy bien ese momento en el que se reconoce la propiedad intelectual pero sólo en su desposesión, cuando engrosa la carpeta de copyrights de la empresa. Vázquez habla de "sus" personajes, pero, puestos en el mercado, él solo puede estar vinculado a ellos aceptando la rutinización del trabajo y la disciplinarización de su presencia. El gran Vázquez no presenta una gran guerra, como aquella de la prensa amarilla por el personaje The Yellow Kid, es una batalla individual perdida. Perdida como muchas otras que han hecho posible que se consolide la expropiación de las habilidades artísticas y los hallazgos expresivos singulares; que sólo puedan circular licenciables y bajo abusivas condiciones de patentabilidad: en perjuicio del propio autor y en beneficio de los Tedy….


Antonio Martínez Márquez

Blade Runner: una introducción a la filosofía

Posted: domingo, 1 de mayo de 2011 by Contacto in Etiquetas: , , ,
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País: Estados Unidos, Hong Kong
Año: 1982
Duración: 117 min.
Género: Thriller, Acción, Ciencia ficción
Reparto: Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos, M. Emmet Walsh, Daryl Hannah, William Sanderson, Brion James, Joe Turkel, Joanna Cassidy, James Hong, Morgan Paull, Kevin Thompson, John Edward Allen, Hy Pyke, Kimiko Hiroshige, Bob Okazaki, Carolyn DeMirjian, Ben Astar
Guión: Hampton Fancher, David Webb Peoples
Distribuidora: Warner Bros. Pictures
Productora: Shaw Brothers, Ladd Company, The, Run Run Shaw
Presupuesto: 28.000.000,00 $

“Todo lo que él quería eran las mismas respuestas que todos buscamos: de dónde vengo, adónde voy, cuánto tiempo me queda.” Deckard

Blade Runner fue estrenada en 1982 y ya se considera todo un clásico de la ciencia ficción, no solo por toda la influencia que ha ejercido sobre otras películas de ciencia ficción - como puede ser Matrix- o sobre el ciberpunk, sino también, por una serie de preguntas filosóficas que formula y que presentan una continua actualidad.

A pesar de que los efectos especiales hoy están bastante anticuados, la acción rápida de la película, los guiños al cine negro de los años 30 o 40 o incluso al western -con una temática que se puede relacionar a la de Sólo ante el peligro-, hacen que la película pueda ser atractiva para un público muy diverso.

Ahora bien, la mirada que trataré de ejercitar, con una clara intención didáctica – y siguiendo los consejos de Theodore Cooke en su artículo Using Blade Runner in Your Introduction to Philosophy Course -, la centraré fundamentalmente en poner de manifiesto los problemas esenciales del ser humano que la película presenta y, sobre todo, en el replanteamiento que a partir de Blade Runner podemos hacernos sobre qué es lo que nos hace ser personas. Mi expresa intención es remarcar los aspectos del guión fílmico que sirven para complementar el guión de mis clases de Filosofía e Historia de la Filosofía. Y, desde esta perspectiva, los puntos que trataré básicamente, aunque en el redactado están un poco mezclados, son:

1.     La dimensión personal del ser humano.
2.     Forma y límites en el reconocimiento de la identidad personal.
3.     La moral: ¿acaso matar a Dios humaniza o transhumaniza?
4.     El tiempo, el amor y la muerte.
5.     La vida personal como narración.

1. La dimensión personal del ser humano: sentimientos, logos y memoria
Blade Runner está ambientada en el futuro, en 2019, en la ciudad de Los Ángeles. Un grupo de Replicantes Nexus-6, robots creados por la Tyrell Corporation e  idénticos virtualmente a los hombres, han capturado una nave y se dirigen a la Tierra, planeta al que tienen prohibido el acceso, con la esperanza de descubrir su fecha de caducidad. Los replicantes quieren alargar sus vidas pero la policía tiene unidades especiales, que reciben el nombre de Blade Runners, encargados de “retirar” a estos seres cibernéticos.

Aunque los replicantes no son seres humanos, físicamente se parecen y, mas aún, actúan y piensan como nosotros. De hecho, la única manera de distinguir un replicante de una persona es por medio de la prueba Voight Kampff – que parece inspirada en el famoso Test de Turing -; prueba que trata de detectar las señales fisiológicas de la empatía y sirve para determinar a quién debe matar Deckard, el Blade Runner protagonista.



En este punto podemos comenzar a formularnos ya unas cuantas preguntas que nos introducen de lleno en la perspectiva filosófica. Por ejemplo, aunque un replicante no estuviese hecho del mismo material que nosotros, si fuera capaz de reaccionar y responder al igual que cualquier otra persona – Cfr., Searle, J., ¿Es la mente un programa informático?, en Investigación y ciencia, p. 162, 1990. - ¿no deberíamos reconocerlo como persona?  Y, por otro lado, observando sólo los estados fisiólogicos y la conducta, ¿podemos afirmar que el otro – humano o replicante – tiene experiencias similares a la nuestra? Es más, ¿podemos afirmar que los otros tienen mente, teniendo en cuenta que solo tenemos experiencia directa de nuestros propios estados internos?

Deckard aplica la prueba a Rachael, quien trabaja para el Dr. Tyrell, y descubre, con mucha dificultad, que ella también es una replicante, aunque ella no lo sabe. La incredulidad de Deckard se hace patente cuando se pregunta: "¿cómo puede no saberlo?” El Dr. Tyrell señala que le ha introducido un pasado personal en su memoria – recuerdos, experiencias que pertenecen a la infancia de su sobrina – que sirven de apoyo a sus emociones logrando así su mayor y progresiva humanización. Es decir, la memoria junto al desarrollo de sus sentimientos y su capacidad racional son la base de su identidad que le hace reconocerse a sí misma – tener autoconciencia - como humana. Memoria que a su vez, como señala el doctor, a ella le sirve para encontrar su identidad y al que la manipula para controlarla.

2. Forma y limites en el reconocimiento de la identidad personal
El hecho de que Rachael tenga recuerdos de acontecimientos que nunca ha experimentado realmente nos plantea un problema respecto a la consideración de lo qué entendemos por identidad personal. Según Locke, ni el alma, de la que no tenemos experiencia, ni el cuerpo, que puede sufrir modificaciones radicales con el paso del tiempo, pueden ser el fundamento de nuestra identidad personal; lo único que justifica nuestro yo es la conciencia, la uniformidad de la memoria. Ahora bien, si el cuerpo de Rachael posee el cerebro de la sobrina de Tyrell, ¿quién ha sobrevivido a la operación que ha unido ambas partes? Los avances tecnológicos hacen que este planteamiento no sea inverosímil y, sin embargo, ¿qué criterios nos servirían para saber quién sobrevive? Aunque nuestra sociedad hace hincapié en el cuerpo como marca de nuestra identidad: ¿qué problemas se presentan aquí cuando decimos que una persona es idéntica a su cuerpo? Y, por último, si los transplantes de cerebro o implantes de memoria son verosímiles, ¿quién puede afirmar que esto no haya sucedido ya?, ¿no seremos nosotros mismos un replicante?; y Deckard, ¿es un replicante, como sugiere el director de la película?

Más adelante, Rachael salva la vida a Deckard y éste, en una escena conmovedora, a pesar de que su jefe quiere que tambien mate a Rachael, le promete no matarla. Vemos claramente cómo, aunque Rachael está fabricada en un laboratorio, Deckard siente la obligación moral de protegerla, como si se encontrara ante otra persona. Ante Deckard, Rachael pasa a ser un sujeto legal portadora de derechos y deberes. Deckard lejos de considerar a Rachael como un objeto o cosa, como una mesa o un sofá, que no tiene derechos ni tiene por qué ser, por tanto, respetada, hace de ella un ser individual valioso en sí mismo; una persona digna. Ahora bien, si estamos dispuestos a considerar como personas a replicantes como Rachael porque parece que tiene pensamientos y sentimientos similares a los nuestros, ¿por qué no considerar personas a nuestras mascostas e incluso a un oso de peluche con el que un niño ha desarrollado su infancia?

La famosa diferencia de Descartes entre substancias extensas y substancias pensantes es fulminada en el momento que la replicante Pris, en un esfuerzo por convencer a JF Sebastian de su dimensión personal, pronuncia el famoso argumento de Descartes cogito ergo sum (pienso, luego existo). Literalmente, el guión dice: “I think, Sebastian, therefore I am.” Y pongo la frase original porque desgraciadamente, en un momento de alta tensión filosófica como éste, el traductor se lució diciendo “yo creo, Sebastian, que eso es lo que soy.”  Pero, volviendo al hilo de nuestras cuestiones, ¿podemos señalar en éste caso alguna diferencia si la declaración la pronuncia un hombre o un replicante, algo que no es engendrado sino que se produce en un laboratorio? Rachael se ve y actúa como lo haría un ser humano, e incluso está hecha del mismo material orgánico que nosotros. Entonces, ¿qué razón nos queda para no considerarla persona?

Aunque nosotros somos concebidos mediante la reproducción sexual y los replicantes se construyen en un laboratorio, más allá de nuestra diferencia en los puntos de origen, ¿hay alguna diferencia fundamental entre un replicante y un humano que nos permita decir categóricamente que nos diferenciamos los unos de los otros? Además, si tenemos en cuenta el desarrollo actual de la biotecnología deberíamos replantearnos  nuestra identidad como seres humanos incluso en nuestro punto de origen. Si bien, históricamente, la identidad humana venía justificada por la combinación azarosa de un cierto material genético (antropología física), ahora gracias a la biotecnología estamos alcanzando un control desbocado sobre la materia de nuestra identidad.  La posibilidad real de una civilización eugenésica, exige replantear los principios que configuran la identidad humana y valorar las posibles consecuencias filosóficas en nuestra dimensión personal.

3. La moral: ¿Acaso matar a Dios humaniza o transhumaniza?
Blade Runner también tiene la virtud de mostrar “la muerte de Dios” anunciada por Nietzsche en una metáfora audiovisual contundente, llena de tensión y belleza.


Una de las características fundamentales del ser humano es, o ha sido, también la de tener un padre, un padre moral que da la vida, orienta y limita.  Por otro lado, quizás sea también una característica humana la de rebelarse y pedir más al creador. Los replicantes buscan, como cualquier humano, que su creador les dé respuestas y sobre todo tiempo para poder luchar por sus vidas. Los replicantes tienen miedo a morir y exigen, con una desesperación muy humana, que sean modificadas sus capacidades. Cuando Roy, angustiado ante la muerte, asesina brutalmente a Tyrrell, su creador, se humaniza, asumiendo trágicamente su destino y recordándonos a los espectadores que nosotros también tenemos fecha de caducidad. Ahora bien, ¿detrás de la brutalidad que supone el asesinato del Creador, no podríamos ver en Roy un gesto de trans-humanidad que se manifiesta en su falta de resignación, en su deseo de vivir y su amor a la libertad? ¿Qué harías tú si supieses el tiempo de vida que te queda?

Como señala Hegel en la Fenomenología, el reconocimiento de los derechos o libertades pasa por una guerra a muerte entre el “señor” y el “esclavo” que busca ser reconocido. ¿Acaso no fue necesario en la Revolución Francesa cortar la cabeza al rey (representante de Dios en la tierra) para que el hombre pudiese crear sus propios derechos humanos? ¿Puede el hombre ser verdaderamente libre si su moral está sometida a imperativos que no proviene de su propia razón?

El aspecto juguetón de Roy, al final de la película, parece recordarnos a ese niño de Nietzsche que crea más allá de los valores tradicionales para escribir su propio camino, un camino que quizás ya tampoco sea del hombre, sino solo del  übermensch (superhombre o transhombre).

4. El tiempo, la muerte y el amor
El deseo de más tiempo de los replicantes los humaniza pero seguramente es el amor el aspecto más sorprendente que hace que podamos reconocerlos como personas. El amor libera del tiempo y rompe fronteras. Cuando Deckard le dice a Rachael que toca muy bien, hay una exaltación del presente mediante el amor, que hace que ya no importe su pasado ni su identidad, que todos los miedos se borren. Es como si Rachael naciese en ese momento; como si naciese en tanto que ser digno de amor y, en ese sentido, como portadora de derechos. 

Al final de la película, en el montaje del productor, el amor libera a Deckard y a Rachael también del futuro, del tiempo que les queda. El amor humaniza a Rachael pero también a Deckard al generarle sentimientos; la fuerza del sentimiento que les une hace que escapen de la esclavitud del tiempo, del miedo a la muerte. Gracias a la pasión amorosa, los protagonistas, muestran un desdén ante lo que les queda porque son felices en ese momento.

Pero también hay otra forma de amor - una forma de amor que sólo es posible a un ser sin resentimiento-, esto es, el amor a la vida de todos por encima de todo; es el amor que Roy muestra claramente al salvar a Deckard.

5. La vida personal como narración
No obstante, cuando Roy salva a Deckard también podemos verlo como una autosalvación. Después de escuchar las campanas que anuncian su muerte, Roy hace un monólogo que dibuja su identidad personal; un monólogo que, a diferencia de la transparencia del yo buscada en la modernidad, busca su identidad en el ir y venir del yo al contexto; un modelo de monólogo propio de nuestra forma contemporánea de darnos identidad. La visión personal de Roy vive gracias a la narración, narración que solo puede sobrevivir si le perdona la vida a Deckard. Acaso, ¿aquello que no podemos contar, no parece como si no hubiese existido?

Ante las puertas de la muerte, Deckard, con una paloma en la mano, que podríamos interpretar como el búho de la sabiduría, reflexiona y toma conciencia de su vida aunque ya sea demasiado tarde:

Cuando la filosofía pinta su gris sobre gris, entonces ha envejecido una figura de la vida y, con gris sobre gris, no se deja rejuvenecer, sino sólo conocer; el búho de Minerva sólo emprende su vuelo al romper el crepúsculo.  
(Hegel, Fundamentos de la filosofía del derecho, 1820)
 

                                                               
Damián Cerezuela Frías

Sufferosa, ¿cine 2.0?

Posted: domingo, 13 de febrero de 2011 by Contacto in Etiquetas: , , ,
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Sufferosa es la última propuesta del artista polaco Dawid Marcinkowski. Se trata de una película interactiva en la que seguimos los pasos de un investigador al que le encargan encontrar a una mujer desaparecida. Su investigación le lleva a una extraña clínica en la que parece que se llevan a cabo operaciones de estética.Podéis verla en el siguiente enlace:


Experimentos y muletillas.

Si en lo audiovisual hay una palabra que no se le cae de la boca a nadie es “experimental”. De seguir así – y sino al tiempo- acabará convirtiéndose en una proforma como “cosa” o tema”, es decir, palabra que por su escaso contenido semántico parecen tenerlos todos.

Hasta aproximadamente los años 30 del siglo XX el experimento consistía en un procedimiento mediante el cual se quería dar cabida a lo inesperado en la obra de arte. El sujeto anticipaba los resultados del experimento ateniéndose a un cociente necesario de imprevisibilidad y procuraba la búsqueda de lo nuevo por medio del intento consciente de probar opciones no asumidas por la sociedad. Esto implicaba, por lo tanto, una cierta intención por parte del artista que, previendo las posibilidades de la obra, en cierto modo las dirigía.

A partir de entonces la imprevisión se comió el proceso y el artista abandonó la obra a la completa arbitrariedad del azar, en un intento de borrar cualquier rastro de autoría y eliminando, por tanto, cualquier resquicio de anticipación e intencionalidad.

¿En qué lugar queda Sufferosa? Pese a todo el alarde estético del que hace gala, esta propuesta no está muy lejos de aquellos libritos de “Escoge tu propia aventura” que tanto nos entretuvieron en nuestros años mozos. Puedes escoger entre abrir la puerta de la derecha o de la izquierda, coger o no el ascensor, hablar más o menos (“ profundizar en la investigación”) con la gente que te sale al paso. Con lo cual, el papel del receptor es casi testimonial.

Se supone que el centro de gravedad del arte ha sufrido un desplazamiento y de algún modo es el discurso que genera la obra el que la complementa y le da sentido. Sufferosa no está menos cerrada que cualquier otra película de cine clásico, por muy interactiva que parezca, lo cual cumple la promesa del cine clásico pero no la del contemporáneo.

Materiales. Aquí lo tenemos: es lo audiovisual

Internet, como en un principio la televisión, apareció como un horizonte de posibilidades nuevo. Acorde con una de las ideologías en boga (comunicación, diálogo, etc...) parecía cumplir la promesa de la interacción, de la participación efectiva (y presuntamente democratizadora).

En poco tiempo se está viendo que no es oro (ni horizantalidad) todo lo que reluce. Hacía falta ser muy cándido para no ver que el desarrollo del medio implicaba un desarrollo de filtros y una jerarquía de contenidos que ofrecen una falsa idea de libertad y participación. En este caso particular, Sufferosa, se da una parodia de lo que se conoce por web 2.0. Aunque algunos siempre pueden consolarse pensando que, moviendo el ratón, están haciendo arte.


Comando anti-anti-envejecimiento (Miranda Rules)

Si la trama responde a un esquema clásico de cine negro (desaparición misteriosa e investigación esclarecedora) ésta se desenvuelve a través de un universo presumiblemente postmoderno centrado en la idea enfermiza de belleza que reina en la sociedad. Las personas ingresadas en la clínica de Von Braun, pelean denodadamente por regresar a una sociedad que sólo acepta lo joven. Tenemos una estética futurista-estilizada-decadente y una galería de personajes vanidosos y superficiales.

La respuesta dislocada viene de manos de un comando terrorista formado por dos preñadas suicidas y su jefa, que habla en español. Tenía que ser así de raro para seguir siendo moderno.

Pese a todo el alarde estético del que hace gala, en Sufferosa, tristemente, el medio es el mensaje. Y nada más.

Si queréis otra muestra de cine presumiblemente experimental, ahí va:
           
DELIVER ME TO HELL


Gorka Maiztegui Zuazo

Tiempos modernos

Posted: jueves, 21 de octubre de 2010 by Contacto in Etiquetas: , ,
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Tiempos modernos (Modern times)
Guión y dirección: Charles Chaplin
Estados Unidos 1936

Aunque parezca contradictorio, las obras clásicas son, precisamente, aquellas capaces de abstraerse de la inmanencia contextual- la inercia histórica- y avanzar los contenidos y las formas de aquello que llamamos porvenir. Es en este sentido en el que Tiempos Modernos se ha convertido en un clásico en el que podemos percibir las líneas maestras de una modernidad que, anticipada por Baudelaire y Benjamin, ya comenzaba a perder el brillo de lo nuevo y a mostrar no sólo su funcionamiento descarnado, sino sus funestas consecuencias.

Para empezar señalaremos que Tiempos modernos es una crítica, en clave humorística, de una modernidad ya establecida, poniendo el acento en aquellos procesos que afectan al individuo y a la sociedad. Pero no sólo eso. Tiempos modernos es también un diagnóstico, la previsión – que el tiempo ha vuelto cándida- de las dinámicas que acabarán consumiendo la sociedad y volviéndola irreconocible, expresadas mediante metáforas visuales que, de tan precisas, acabarán convirtiéndose en icónicas. La película narra la historia de un obrero incapaz de integrarse en el sistema de producción moderno que se enamora de una huérfana; juntos deberán enfrentarse a las inclemencias del mundo laboral con el único fin de poder comprar una casa en la que vivir juntos. A lo largo de esta historia la crítica se centrará en la fábrica (que representa el trabajo y cuyo perfil, ya al final de la película, quedará redondeado por las escenas en las que el protagonista trabaja de camarero), la cárcel, la represión del movimiento obrero y el amor.

La modernidad
1.1. La fábrica
La primera escena ya es una indicación de la postura que toma la obra frente a la modernidad: secuenciando dos planos completamente distintos (los trabajadores saliendo del metro y haciendo cola para entrar en la fábrica y las ovejas en manada) presenta una analogía que nos permite hablar del primer rasgo de la modernidad: el adocenamiento. Como ya señaló Baudelaire (y antes que él Poe), el centro neurálgico de la modernidad son las ciudades. Las grandes masas de población se trasladan a allí donde está el trabajo, es decir, las fábricas, y es allí donde, alrededor de esa actividad, se desarrollan el resto de servicios: tiendas, bares, restaurantes, etc. Luego el universo lúdico también se establece allí, completando el perfil de la ciudad y volviéndola autosuficiente en todos los sentidos. Esto implica, como hemos visto, la masificación y, con ella, el primero de los peligros: la pérdida de la identidad individual en un contexto de acumulación.


La siguiente escena que nos llama la atención y que señala el siguiente rasgo de modernidad es aquella en la que Chaplin, tras horas de trabajo remachando una y otra vez las mismas piezas, termina, ya lejos de la cinta de montaje, reproduciendo el mismo movimiento, esta vez ya sin sentido. En este punto convergen dos conceptos de alienación: el postulado por Benjamin y el teorizado por Marx. Chaplin, víctima del trabajo mecanizado, introyecta el funcionamiento de la cadena y comienza a comportarse como si la realidad misma fuera una pieza que cabe remachar: se convierte en un autómata. 


La siguiente escena redunda en la alienación que produce el  trabajo mecánico propio de la fabricación en cadena. En este caso, el ritmo de la cadena es implacable, lo cual produce que los demás trabajadores, los compañeros del protagonista, se conviertan en “policías” de la producción: el retraso del primero los perjudica a todos y por ello lo amonestan (lo golpean) cuando éste se detiene. Cuando Chaplin se vuelve loco y comienza a echarle aceite en la cara a sus compañeros (como si, de algún modo, en su locura, fuera capaz de ver que, en tanto que son la misma cosa, se alimentan de lo mismo) éstos lo persiguen por toda la fábrica; le basta a Chaplin con accionar una palanca para que dejen de hacerlo y vuelvan, impelidos por una fuerza que los trasciende, al trabajo en la cinta de montaje.

Sólo la locura salva a Chaplin de la fábrica, un centro orwelliano vigilado constantemente por el dueño de ésta a través de pantallas y micrófonos. El poder, en Tiempos Modernos, ya es un ojo que todo lo ve: muere con él la intimidad y comienza el control, la homogenización que comienza siendo extrínseca y acaba siendo una autoimposición del que se sabe observado y continuamente comparado con el resto de productores. Por último podríamos referirnos a la famosa escena en la que el protagonista es deglutido por el mecanismo de la máquina, creando una escena capaz de resumir todo lo sugerido anteriormente: se acabó la era del hombre, ahora éste debe adaptarse a la lógica de las máquinas.

1.2. La cárcel

Tras la institución de la fábrica llega la crítica de la cárcel. Las similitudes son sonrojantes: resulta que la vida en la cárcel está tan racionalizada como la vida en la fábrica. Aquí, por analogía, comprobamos cuál es el tercer rasgo definitorio de la modernidad: la racionalización de la vida, su sujeción a cálculos y constantes, a una rutina de acero que obliga a la vida a discurrir por unos cauces inamovibles; la vida debe acomodarse a la lógica de las máquinas . Los presos deben levantarse a una determinada hora, todos juntos, y marchar en fila hasta el comedor, donde comenzarán a comer cuando se les dé la señal. La única diferencia (que no es pequeña), es que la vida en la cárcel no exige realizar un trabajo. Este es el motivo por el cual Chaplin, tras impedir un motín, no quiere abandonar la cárcel . Cabría reprocharle que la cárcel, aunque no demande trabajo, implica la pérdida de libertad. Y es planteándonos este interrogante cuando se nos presenta una disyuntiva interesantísima: ¿es aquello que nos espera fuera de la cárcel la libertad? Chaplin sabe que no hay trabajo y sabe qué es el trabajo, y decide quedarse dentro. Y esta postura, que en aquella época resultaría una provocación, queda atenuada por el perfil del personaje: Chaplin, en tanto que holgazán (el correlato moderno del loco clásico) es capaz de decir aquello que los demás no se atreven a decir: ya no está claro dónde termina la cárcel. Esto nos lleva al siguiente punto: el amor.

1.3. El amor

A medida que seguimos el recorrido del protagonista por las instituciones modernas, se nos da a conocer la historia de una huérfana de madre que, a través de su vida, trae la problemática social del desempleo y la precariedad obrera. Su padre está en paro y ella procura alimentar a la familia ejerciendo de pícara, es una superviviente. Pero un día, en una revuelta, su padre muere. Sus hermanas son enviadas a un centro de menores y ella se dedica a vagabundear por las calles. Es entonces cuando sus vidas se cruzan. Después de un par de encuentros Chaplin debe escoger entre volver a la cárcel o huir con la chica, y escoge esto último. Tendidos en la hierba, juntos, fantasean con una casa enorme y una vida regalada.


En esta escena, y siendo conscientes de que nos alejamos de las intenciones del autor, nos gustaría señalar una lectura, en clave posmoderna, del concepto de amor que presenta Tiempos Modernos. Como ya hemos visto, el protagonista, no encuentra mucha diferencia entre la fábrica y la cárcel, prefiriendo ésta última. Parece que es el amor el que se postula como libertad, como el último refugio para el individuo. Pero es que ni así. Cabría hablar de la última trampa: el amor coagulado en familia como el resorte último de la máquina. No es hasta que Chaplin conoce a la pícara que decide buscar, de nuevo, un trabajo, reintegrarse en el mismo sistema que antes rehuía. Es a través de la manutención de la familia –del sueño de una casa- como Chaplin se doblega y, por amor, decide volver a trabajar.

Gorka Maiztegui Zuazo

La cinta blanca: Haneke y Nietzsche

Posted: domingo, 25 de julio de 2010 by Contacto in Etiquetas: , , ,
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Título: La cinta blanca
Título original: Das weiße band
Dirección: Michael Haneke
País: Francia, Alemania, Austria
Año: 2009
Fecha de estreno: 15/01/2010
Duración: 150 min.
Género: Drama, Bélico
Calificación: No recomendada para menores de 13 años
Reparto: Ulrich Tukur, Susanne Lothar, Josef Bierbichler, Burghart Klaußner, Marisa Growaldt, Janina Fautz, Michael Kranz, Jadea Mercedes Diaz, Michael Schenk, Steffi Kühnert
Web: lacintablanca.blogspot.com
Distribuidora: Golem Distribución
Productora: Les Films du Losange, X-Filme Creative Pool, Wega Film
Presupuesto: 12.000.000,00 €

“La filosofía no sirve al Estado, ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer (...) Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene un uso: denunciar la bajeza en todas sus formas” (DELEUZE, G., Nietzsche y la filosofía)

Asesinar sistemáticamente el alma joven mediante una educación moral absolutamente estricta y severa es la mejor manera de asegurarnos la atrofia de los instintos vitales y un futuro pleno de inusitada y perversa violencia. La cultura, en tanto que organiza sociedades dotándolas de un sentido o dirección, reclama una memoria colectiva (o saber) que permita unas reglas (más o menos explícitas) favorables a la perseveración de las fuerzas-clases vencedoras. Para Nietzsche esta clase, sin duda, tiene su máximo representante en el sacerdote, médico y falso salvador que mantiene en la miseria a la vida enferma a la vez que se apodera de ella: “su arte (…) hacerse en todo momento dueño de los que sufren. Trae consigo ungüentos y bálsamos, no hay duda; más para ser médico tiene necesidad de herir antes; mientras calma el dolor producido por la herida, envenena al mismo tiempo ésta (...)” (NIETZSCHE, F., La genealogía de la moral; Traducción de A. Sánchez Pascual, Madrid, Alianza, 2007, p., 163). El sacerdote, a pesar de su debilidad para aceptar la vida, goza o gozó de una perversa inteligencia que marcó nuestro destino: “es el que modifica la dirección del resentimiento" (Op. cit., 164); convence al hombre enfermo de que él mismo es culpable de su enfermedad y le da "consuelo" proponiéndole ideales ascéticos. ¡Que mejor que la memoria como complemento!: “para que algo permanezca en la memoria se lo graba a fuego; sólo permanece en la memoria lo que no deja de doler.”(Op. cit., 79). Y a esa memoria el hombre la llama “su conciencia”.


Tremenda escena que nos recuerdan la transvaloración judeocristiana de los valores bueno y malo del tratado primero de la Genealogía de la moral. El sacerdote culpa a los demás y reactivamente se puede identificar con el bueno: tú eres malo y yo soy el bueno (...). El cura, hace de su compasión, signo de debilidad, una virtud que le permite dominar al inocente, con un resultado monstruoso de raíces humanas, demasiado humanas.

El estilo austero, lleno de bella fotografía en terso blanco y negro; los silencios significativos y la gravedad de los temas tratados, nos recuerda a autores como Dreyer o Bergman. No obstante, en La cinta blanca no encontramos una sobrecarga simbólica sino una narración ágil y directa. Además, Haneke busca crear la ilusión de un ambiente familiar en un entorno rural idílico, casi cercano, que, sin embargo, reboza de ironía. Las imágenes apuntan continuamente a su lado siniestro, nos hacen visibles fuerzas invisibles, no dejan de sugerir, de estimular el pensamiento, sin recurrir a una burda espectacularidad que mellaría las fuerzas que atraviesan la pantalla.


Sugerencias que, por cierto, pueden interpretarse como la conexión entre los acontecimientos representados a lo largo de la película y las catástrofes históricas posteriores. En cualquier caso, podamos o no identificar una causalidad entre dicha conexión, la singularidad de la historia narrada tiene una fuerza universal, es decir, al mismo tiempo que se sitúa en un pequeño pueblo alemán entre 1913-14 también valdría para mostrar el germen fascista latente en cualquiera de nosotros. Vemos claramente como lo singular no se contrapone a lo universal - sino a lo abstracto- . La película tiene la fuerza de aquella vieja canción que asociamos a un acontecimiento determinado de nuestra vida y sin embargo va más allá de él.

El retrato de la crueldad que pervive oculta en una pequeña comunidad trae a la memoria Dogville de Lars von Trier. Allí también podemos ver como unos personajes asfixiados por los límites de un pequeño pueblo son capaces de una violencia extrema a causa de la rigidez moral y del miedo.

Pero lo más importante, desde una perspectiva nietzscheana, es la genealogía de la violencia que Haneke nos brinda en esta obra maestra. No deja de ser un dato remarcable el rechazo a reconocer las atrocidades de sus hijos por parte del pastor y la complacencia general del pueblo en aceptar una explicación fácil y plausible acerca de los extraños sucesos. Que mejor chivo expiatorio, culpables de los males sufridos, que los que se van del pueblo.

Damián Cerezuela Frías

La isla de las flores, antropología cínica

Posted: martes, 1 de junio de 2010 by Contacto in Etiquetas: , , ,
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Título: Ilha das flores
Dirección y guión: Jorge Furtado
País: Brasil
Año: 1989
Duración: 12 min.

“Ellos no tienen dueño y, lo que es peor, son muchos”

 
 O de cómo lo descriptivo es capaz de alcanzar la crítica mediante una elección de hechos cuidadosa y cierta dosis de humor negro. Jugando con las definiciones y forzando la lógica de conjuntos, Jorge Furtado dibuja las coordenadas en las que se inscribe no sólo un modelo económico sino las concepciones sociales que implementa. Hurtándose de la emotividad propia de los documentales con vocación de compromiso nos lleva, de forma muy sutil, por el proceso – presumiblemente aséptico y, por ello, el falso tono divulgativo-pedagógico empleado- de producción y consumo del mercado, hasta su estadio final, una suerte de reciclaje que jamás saldrá en la propaganda institucional. Todo ello aderezado con profusión de datos empíricos llevada hasta el absurdo, mezclando aquellos que sí tienen cabida en el discurso (v.g. datos demográficos de la población de Porto Alegre, toneladas de basura producidas) con otros más bien inútiles ( la latitud exacta de la tierra del japonés o el carácter convencional de nuestro sistema cronológico) para acentuar la tendencia al “exhaustivismo” científico de algunos documentales informativos y sus dinámicas matematizadoras y mareantes. A veces parece que se trate sólo de estirar un poco el discurso para encontrar las grietas.

De este modo los tomates sirven para explicar la génesis del comercio, la porquera para explicar la iniciativa empresarial y la propiedad privada de la tierra y los pobres, en fin, para explicar el sentido de todo el proceso.

By: Gorka Maiztegui Zuazo

CC

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