Gracias por fumar y la sofística en las sociedades de control

Posted: martes, 4 de octubre de 2011 by Contacto in Etiquetas: , , ,
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Título: Gracias por fumar 
Título original: Thank you for smoking 
Dirección: Jason Reitman 
País: Estados Unidos 
Año:2005 
Fecha de estreno: 22/09/2006 
Duración: 92 min. 
Género: Drama, Comedia 
Reparto: Joan Lunden, Eric Haberman, Aaron Eckhart, Mary Jo Smith, Todd Louiso, Jeff Witzke, J.K. Simmons, Marianne Muellerleile, Cameron Bright, Alex Diaz 
Guión: Jason Reitman 
Distribuidora: ContentFilm International 
Productora: ContentFilm, Room 9 Entertainment, TYFS Productions LLC  
Presupuesto: 6.500.000,00 $
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“El departamento de ventas se ha convertido en el centro, en el "alma"(...). Ahora, el instrumento de control social es el marketing, y en él se forma la raza descarada de nuestros dueños (...). El hombre ya no está encerrado sino endeudado.” (DELEUZE: Post-escriptum sobre las sociedades de control).
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Gracias por fumar explica la historia de Nick Nailor, un personaje cuya profesión consiste en defender a la industria tabacalera americana ante la opinión pública. Su capacidad para persuadir, para argumentar a favor de tesis más que dudosas, con su sonrisa y sobre todo con su saber discurrir, hacen de él un encantador de masas invencible en su cometido.
           
El parecido del protagonista con los sofistas de la antigua Grecia se hace patente en su dominio de la retórica, esto es, en el arte de persuadir independientemente de la validez de las razones aducidas (fíjense en la escena del colegio). Nick defiende que lo único que orienta los distintos puntos de vista, equivalentes inicialmente en tanto que “el hombre es la medida de todas las cosas”, es la utilidad que le puedan proporcionar. Pero a diferencia de los escrúpulos morales que mostraba el relativismo de Protágoras, Nick Tailor es sencillamente un egocéntrico que no tiene ningún inconveniente en practicar la erística - como los sofistas que siguieron a los grandes maestros o la campaña política que PPSOE acaban de comenzar en vistas del 20N -, es decir, el arte de vencer en las discusiones refutando las afirmaciones del adversario sin considerar bajo ningún aspecto la verdad o falsedad de su planteamiento. Vean, si no, el inicio de la película:
  
  

 
--> --> -->Para Nick el éxito constituye la virtud. Y para ganar nada mejor que saber razonar, es decir, saber utilizar argumentos que validen tu posición o, al menos, que parezcan que así lo hacen. La negociación, en cambio, no es su estilo porque constituye un punto de equilibrio entre las pérdidas y las ganancias de los implicados, de manera que nunca es un verdadero éxito. Para Nick Tailor lo único importante no es alcanzar la verdad, sino conseguir aquello que se propone. Así se lo enseña a su hijo: 
  
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La función de la palabra para éste sofista posmoderno se sitúa en las antípodas del planteamiento socrático: mientras que para Sócrates lo importante es el diálogo entendido como una escucha activa que detecta las contradicciones de lo dicho para encintar la verdad en el alma de los participantes, Nick Tailor representa una posición nihilista que recuerda la enseñanza de Gorgias:

Nada existe.
Si algo existe, no puede ser conocido.
Si algo existe y puede ser conocido, no puede ser comunicado.

Desde esta perspectiva, lo único que existe son las apariencias que manipula el sabio. Cuando la palabra pierde el vínculo con el ser, deja de ser vehículo de verdad para convertirse únicamente en portadora de persuasión y de sugestión en aspectos prácticos de la vida. Y la independencia de todo valor absoluto cognoscitivo o moral, convierten a la retórica en un arma omnipotente.

El ritmo ligero de la película no descuida los momentos profundamente ingeniosos. En la siguiente escena, Nick reduce al absurdo el planteamiento de su hijo, mediante un cambio de discurso o tablero de juego. La escena sirve como muestra de que la verdad de una afirmación depende de la coagulación de diversos discursos que le dan sentido. En este caso, la libertad personal, al ser un valor intocable defendido por la ciudadanía norteamericana, le sirve a Nick para justificar una infinidad de posiciones a lo largo de su carrera. 

      
 

Foucault ilustró excelentemente en su Historia de la locura cómo mientras en la Edad Media se consideraba al loco como aquel que está afectado por una facultad especial, entre lo divino y lo demoníaco, a partir de una época determinada, gracias a la creación de múltiples discursos (médico, jurídico, etc), el loco pasó a ser un desposeído de raciocinio, un insano convertido en extranjero que se necesitaba controlar o encerrar debido al peligro que representaba. Ahora bien, ¿qué es lo que hace que se considere al loco de modo distinto? Sin duda, tal y como responde el mismo Foucault a partir de El Orden del discurso, las distintas relaciones de poder que hay detrás de la formación de los distintos saberes. Es decir, lo que entendemos por locura, su verdad, se relaciona con los intereses dominantes. O como dice el mismo Foucault de manera provocativa: la verdad “de hecho, solo es una invención de las clases dirigentes” (Foucault, Nietzsche, la genealogía, la historia. Valencia, Pre-textos,1997, p. 19).  

Nick es consciente de que para tener poder lo importante es disponer de la capacidad para plantear las cuestiones que dominen el imaginario colectivo. A él no le interesa descubrir si algo es verdadero o falso sino saber como se construye la verdad - su objetivo es producir el sentido-; sabe que si tiene la elocuencia para hacerlo puede cuestionar incluso que el tabaco pueda ser más peligroso que el queso (véase la película). De hecho, tenemos un sinfín de ejemplos en los continuos desvíos de interés que producen actualmente los medios de comunicación sobre temas que son más interesantes de tratar. Aunque en este caso mayoritariamente no se trata tanto de elocuencia por parte de los medios como de bombardeo continuo de estupidez. En este punto conviene recordar una reflexión de Deleuze en su obra Diferencia y Repetición:

“Como si no siguiéramos siendo esclavos, mientras no dispongamos de los problemas, mientras no dispongamos de los problemas como tales, de un derecho a los problemas, de la gestión de los problemas.”

Si pones tú el tablero todos jugarán a lo que tú quieres. Nick ha comprendido que el poder hoy no es aquello que te reprime sino lo que te hace ser lo que eres. Por eso sabe que, si consigue hacer que la industria cinematográfica de Hollywood participe en la creación de un modelo que seduzca a todos los espectadores, las ventas del tabaco se multiplicarán exponencialmente.

Nuestros gustos personales se fabrican en los despachos de telemarketing de las grandes empresas; desde allí se deciden los diálogos que íntimamente mantenemos con los nuestros. 
Damián Cerezuela Frías 


Idiocracy

Posted: lunes, 29 de agosto de 2011 by Contacto in Etiquetas: , , , ,
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Dirección: Mike Judge. País: USA. Año: 2006. Duración: 84 min. Género: Comedia.
Interpretación: Luke Wilson (Joe Bauers), Maya Rudolph (Rita), Dax Shepard (Frito), Anthony Campos (Secretario de Defensa), David Herman (Secretario de Estado), Sonny Castillo, Kevin McAfee (Bailiff), Robert Musgrave (Keller), Ryan Melton, Justin Long (doctor), Patrick Fischler, Darlene Hunt.
Guión: Mike Judge y Etan Cohen; basado en un argumento de Mike Judge.
Producción: Mike Judge y Elysa Koplovitz.
Música: Theodore Shapiro.
Fotografía: Tim Suhrstedt.
Montaje: David Rennie.
Diseño de producción: Darren Gilford.
Vestuario: Debra McGuire.
Estreno en USA: 1 Septiembre 2006.
Estreno en España: 15 Junio 2007.

"Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y sobre lo primero no estoy seguro" 
(Albert Einstein) 

Quizás el adjetivo más idóneo para esta película es el que profirió una alumna de 2º de la ESO al calificarla de parida; no solo por el significado más común del término, despropósito o simpleza, sino también teniendo en cuenta la tercera acepción de la palabra según la Real Academia: obra, discurso, etc., que defrauda en gran medida lo que cabía esperar.

La película tiene una idea ingeniosa por la cual mereció la pena dedicarle una sesión a comentarla: Darwin no consideró que en el caso de los seres humanos, al no tener depredadores naturales, las leyes de la evolución pueden desembocar en las de la involución. Cuando la idiotez es tolerada por todos y promovida por nuestras instituciones, la inteligencia puede volverse contra el progreso de la especie. En un mundo dominado por la autoindulgencia epistémica, esa tendencia a deleitarnos en creencias confortables aunque mal justificadas, la persona perspicaz, paradójicamente, puede tener serias dificultades para sobrevivir. Y es que, como señalaba Voltaire, “la idiotez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás”.
                   

Aunque la acción se enmarca en el futuro, dentro de unos 500 años, la película no es sólo una advertencia sobre el atontamiento profundo al que se puede llegar (el ser humano es el único ser vivo que cuando toca fondo puede seguir cavando) sino fundamentalmente una sátira mordaz sobre nuestro presente. En el futuro, la película “culo” en la que únicamente se ve durante 90 minutos este trasero gana todos los Óscar, incluso el de mejor guión...
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Lástima que el potencial filosófico-político no haya sido desarrollado señalando con toda claridad las repercusiones que tienen, por ejemplo, las 10 personas más idiotas del mundo o las ideas más comúnmente aceptadas aunque no por eso menos peligrosas. En este sentido, no estaría mal hacer un pequeño ranking. A mi, por ejemplo, una frase que me pone muy nervioso es la  de “todo el mundo merece un respeto”, como si el valor de una idea o de una acción viniese de serie y no importaran sus consecuencias. En cuanto a las personalidades aspirantes al ranking, siendo actuales, cercanos y arriesgados, no estaría de más señalar a Esperanza Aguirre cuando, por poner un ejemplo, al ser preguntada sobre qué opinaba de Airbag respondió que es que ella sólo ve cine español; o Zapatero con sus políticas de "chiste-ra".

Quizás si la película hubiese arriesgado un poco más, si hubiese dado rienda suelta a una cierta crueldad incompatible con su continuo tono reconciliatorio (no se preocupen que no contaré el resumen ni el final del film), muy propio de las comedias, nos encontraríamos ante una película extraordinaria y un posible clásico de la ciencia ficción. Sin embargo, la película ha pasado bastante inadvertida, aunque quizás esto tenga más que ver con que, a pesar del tono cómico y reconciliatorio con el que se desarrolla, no deja de existir una crítica feroz a la sociedad americana. El Gatorade se utilizará hasta para regar las plantaciones y el presidente Camacho de EEUU, en fin, sin comentarios:


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En cualquier caso, de lo que no debería caber ninguna duda (y digo “debería” por el tono reconciliatorio de la película) es que Idiocracy trata de una distopía, es decir, de una utopía negativa en tanto que la realidad es dibujada en términos antitéticos a una supuesta sociedad ideal.

Hasta el momento, seguramente hemos entendido idiocracia como el gobierno de los idiotas, teniendo en cuenta que la palabra está compuesta de la raíz idio- y de –cracia (κρατία, puede traducirse como “poder” o “gobierno”), pero si nos atenemos a la etimología vislumbramos otros posibles significados para la raíz idio-. Según Fernando Savater, la palabra idiota viene del griego idiotés, término utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás. De hecho, el término ἰδιώτης (idiotes) se utilizaba en la antigua Grecia fundamentalmente para contrastar a la persona que solo solía presta atención a sus propios asuntos y que generalmente tenia poca formación con el ideal político ateniense fundamentado en la convicción de que no hay mayor placer para el ciudadano que la participación en la vida pública. En este sentido, el actual movimiento 15M parece contradecir el posible destino que nos dibuja Idiocracia en la medida que muestra un deseo de vida común y una denuncia de los ἰδιώτης (idiotes), sobre todo, hacia aquellos políticos, banqueros o especuladores varios que, aunque puedan ser políticos de profesión no hacen política propiamente porque únicamente prestan atención a sus asuntos privados. Ahora bien, ¿por qué a pesar de los refunfuños generalizados de gran parte de los ciudadanos es posible que Camps ganase las últimas elecciones en la Comunidad Valenciana?

No es de extrañar que debido al cada vez más reducido espacio de las humanidades en Educación y la desconexión entre la vida privada y el destino colectivo, falten recursos a la hora de articular esa clara sensación de impotencia e indignación que atraviesa a muchas personas. Sin duda, la fuerte crisis económica y política de nuestros días está relacionada con una crisis cultural. El malestar actual se relaciona con una falta de horizontes, con el modo de organizar nuestra existencia y con nuestro modo de experimentarla. A diferencia de la película, el consumo desbocado no parece ser un placebo suficiente para el tábano que todo humano lleva dentro. La televisión y el fútbol no son drogas tan potentes, como las que “nos ofrecía” Huxley en Un mundo feliz o el futuro que plantea Idiocracia.


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Mientras una avalancha de basura entra en su casa este hombre del futuro ve la televisión sin inmutarse porque está su programa favorito. Adorno ya nos advertía de las islas de euforia que el sistema genera para desviar el malestar, rabia o en general cualquier fuerza que pudiese ser crítica para el sistema. En la Antigüedad era aquello de pan y circo y probablemente actualmente es el fútbol, el consumo hasta el paroxismo o el día del perdón. La diferencia es que los romanos, al menos, tenían un horizonte vital mucho más diáfano.

La idiocracia es la antítesis del ideal político de Platón, el gobierno de los mejores. Pero no sólo eso, la idiocia (en el sentido social del término) es como la cara oscura de nuestras democracias, su posible degeneración. Si Platón levantara la cabeza quedaría perplejo ante las mediocracias actuales, cuya definición podríamos aventurar como el gobierno de los medios (de comunicación) y de los medio-cres. En este sentido, la idiocracia sería el peor escenario de la mediocracia.

Es curioso que los políticos últimamente hablen de una especie de MIR que quieren implantar para mayor formación, según dicen ellos, y precarización del profesorado mientras que no se les ocurre que para gobernar un país o aspirar a ello no estaría de más saber inglés, un poquito de economía o haber adquirido unos principios éticos un pelín sólidos. El descrédito actual de las forma de gobierno por excelencia en Occidente sumado a la extensión del atontamiento mundial hace que la frase de Sir Winston Leonard Spencer Churchill cobre una fuerza indiscutible:

"El mejor argumento en contra de la democracia 
es una conversación de cinco minutos con el votante medio."

Un buen  antídoto contra la estulticia generalizada, a la que según Idiocracia nos vemos avocados como especie, seria tomarnos en serio algunas de las ideas que John Stuart Mill desarrolla en Sobre la libertad, 1850. Mill denuncia algunos de los peligros de la sociedad democrática: la opinión pública y la tiranía de la mayoría. El filósofo y economista inglés, que, dicho sea de paso, fue el primero en acuñar el término distopía, reclama la necesidad de originalidad ante el despotismo de la costumbre. Según el pensador, la libertad individual, una libertad que no se refiere al idiota puesto que Mill no la entiende como un egoísmo o un mero preocuparse de uno mismo, es positiva para el progreso de la sociedad. La variedad de opiniones es fundamental para la riqueza de todos. Y en este sentido, es muy importante mejorar la política, la moral y la educación, para hacer posible que la individualidad sea enriquecida en beneficio de todos.

Mill defiende que para promover el bienestar intelectual de la humanidad es necesaria la libertad para expresar opiniones y su discusión por cuatro razones:

1. Una opinión silenciada puede ser verdadera.
2. Aunque sea equivocada puede tener una parte de verdad.
3. Siendo verdad, a menos de que sea discutida puede ser considerada falsa debido a  los prejuicios de la sociedad.
4. Si no se expresa se puede debilitar y perder.


Mill justifica la libertad de opinión y  de expresión de todas aquellas opiniones que sea posible discutir, pero no de aquellas que no admiten ningún tipo de crítica o discusión posible.

Compárese esto ahora con el funcionamiento de la política en España y quizás podamos entender por qué Idiocracia es la mano negra que acecha nuestro presente. Estos días, en contra de las recomendaciones de Stuart Mill sobre la necesidad de discusión, el gobierno español y su mayor oposición quieren hacer una rápida reforma de la Constitución para limitar el déficit sin tener en cuenta a la ciudadania ni a sus propuestas. Una reforma exprés, después de años de discusión sobre otros asuntos más importantes que no han sido tocados, que sólo sirve para mostrar una servidumbre infinita ante los mer(kel)cados. No sé si estamos en una idiocracia pero, desde luego, el término despotismo "idiotado" podría definir perfectamente el estado actual de las cosas. Mientras tanto, en Wall Street se ríen a carcajadas ante lo que el gobierno español y su oposición quieren pactar para que parezca que hacen algo. El atontamiento aún no ha tocado fondo.

 Damián Cerezuela Frías


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Bazar solidario

Posted: lunes, 15 de agosto de 2011 by Contacto in Etiquetas: , ,
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Duración 47 minutos Formato betacam digital
Realización y producción Zeltia Outeiriño, Aleix Cortès
Guión Aleix Cortès, Zeltia Outeiriño
Dirección de Fotografía Zeltia Outeiriño
Edición Zeltia Outeiriño
Postproducción de vídeo Raúl Ciannella
Sonido de estudio Jacobo Méndez
Postproducción de sonido Oriol Cuspinera
Música Marcel Vila, Aleix Cortès
Interpretación Ginés Bolívar
Escenografía Marta Soto Formoso

                                       

 Si tenemos los muebles del comedor de caoba,¿por qué no podemos adoptar un niño a juego?


Esto no ha sido dicho por nadie pero se deduce de algunas operaciones internacionales de adopción por encargo. Adopciones de pago que  hacen rentable el butrón en la caja débil de la orfandad.

En 2007 vimos la tramoya del desplazamiento irregular de niñas y niños africanos; falsamente heridos rezumaban mercrominas: un teatro sanitario para el entretenimiento de la soledad, hastío e inutilidad que se amontona en el encierro doméstico de las vidas occidentales. En 2009 el terremoto de Haití también ha dado la ocasión para el secuestro con la miseria como coartada. La catástrofe transformada en feria de muestras de la industria de la solidaridad. En Haití, el solidario dar la oportunidad de otra vida a unas decenas de niños ha dado ocasión al fresco desparpajo para considerar la indocumentación de unos niños como señal de mercancía abandonada.

Se ha hecho tangible que gran parte del mundo sigue el camino, o se ha convertido en un pozo negro. Y aunque los verdugos no parecen identificables, las víctimas están al alcance de cualquiera que abra los ojos.

Desde el confort o desde la precariedad submileurista, infrasubmileurista o nieurista, se hace insoportable la extensión veloz de la miseria. No está en un gueto, tampoco es un submundo: es el mundo.

Estamos constatando que la globalización va aumentando por millones las vidas desperdiciables. También va incluyendo a las nuestras como espectadores. Chatarreado de manos y cerebros que es una inutilización e impotencia: ahí sólo queda sobrevivir o buscar el entretenimiento.

Pero no queremos ser espectadores. Queremos hacer algo. Somos conscientes de que en el primer mundo las instituciones “sociales” gubernamentales son estructuras autorreferenciales, burocracias que transforman las soluciones en problemas. Grandes orquestas de la dilación, que con las partituras de los impresos interpretan la sinfonía del aplazamiento. Y, respecto a algunas ONG pues ya hemos visto cómo cuando sale del donante la donación se convierte en ventaja y lucro del profesional del reproche y la recriminación….

Una nueva modalidad de solidaridad se está popularizando: el apadrinamiento. “El bazar solidario” es un documental que recoge el viaje desde la donación hasta contactar con el apadrinado. Hasta Colombia se fueron Aleix y Zeltia para filmar los efectos de un impulso solidario. Plano a plano la cámara va siguiendo el rastro de los 0´65 € al día con los que puedes apadrinar a un niño.





No vamos a explicar el documental, hay que verlo. Y, si te gustó el de M. Moore este no te va a decepcionar. El documentalismo entra en crisis cuando se regodea en el tremendismo o ahoga lo que podría verse como un aleccionamiento del espectador. “El bazar solidario” tiene la peculiaridad de que en ningún momento guían a los entrevistados. En ningún momento hay actuación ni escenografía y el ritmo brota de la toma, único elemento que organiza el desarrollo temporal.

De hecho Aleix y Zeltia fueron guiados por la ONG: sólo que lo que la cámara va recogiendo desmiente la autopromoción de la gerencia solidaria. Hay tomas de gran densidad visual: los gestos, las caras, las seriedades del haberse mudado…, que dejan la intervención de la ONG como una representación. Ahí se confrontan el falso documental y la literalidad a la que alude. Queda desmentido cualquier anuncio que haya motivado a alguien para apadrinar. Se desmienten las imágenes de sus anuncios, así como la letra grande y la letra pequeña.

De manera transparente y directa el espectador puede contemplar cómo la donación sostiene una estructura de permanentización de la dependencia, así como de banquerización de la miseria. En “El bazar solidario” verá un testimonio, de antología, sobre qué clase de bicho es eso de los microcréditos: el picor de la deuda contagiado donde casi no hay superficie biográfica. Oiremos como se describe con lenguaje macroeconómico: “materias primas”, “empresarialidad”…, lo relacionado con un crédito de 100 dólares (¡!). También podremos contemplar la grandilocuencia con que se describen los “desayunos nutricionales”: cada quince días e incluyen charla sobre cómo cocinar (¡!), lo que viene a ser: cómo hacer menú para ocho con la patata que se comería uno sólo.

La película termina con una reflexión sobre el apadrinamiento hecha por un hombre y una mujer colombianos en voz en off, que representa la voz del pueblo. Dicen que recibir ayuda de otros países a través del apadrinamiento supone "entender, cuando apenas eres un niño o niña, que ni tú, ni tu familia, ni tu país se desarrollan, simplemente, dependen", y al mismo tiempo vemos un grupo de niños riendo, no sonriendo, riendo desenfadamente... unas alegrías que no son las de quienes han recibido un regalo de algún padrino. La alegría que no deriva de ningún objeto, la alegría que se desprende del estar unos con otros, allí ,entre la hierba y en la soberana independencia de no tener que preocuparse de si hay algún enchufe cerca para poder jugar.


Antonio Martínez Márquez

El gran Vázquez

Posted: miércoles, 27 de julio de 2011 by Contacto in Etiquetas: ,
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Título: El Gran Vázquez
Título original: El Gran Vázquez
Dirección: Óscar Aibar
País: España
Año: 2010
Duración: 106 min.
Género: Comedia, Biográfico
Reparto: Santiago Segura, Álex Angulo, Manolo Solo, Biel Durán, Enrique Villén, Mercè Llorens, Pere Ponce, Jesús Guzmán, Pep Sais, Itziar Aizpuru, Itziar Castro, Jordi Banacolocha, Pere Vall, Lita Claver, Hector Vidales, Alberto Vidal
Web: www.elgranvazquez.com
Distribuidora: Alta Films
Productora: Tornasol Films, Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), Castafiore Films, ICIC, Distinto Films




El gran Vázquez trata del paso de lo plano a lo tridimensional: de la historieta de tinta a la carne en movimiento. Y, Francisco Vázquez era alguien que hacía lo posible por mover la carne.

La película de Oscar Aibar empieza con un vividor y acaba con un vivido, en medio se encadenan extractos de su vida, sobre la base de que Manuel Vázquez era un artista del dibujo y de la fuga.

Nos presenta un personaje que cabalga las casualidades, por la avenida de las ocasiones, prestando más atención a la nueva oportunidad que a borrar las huellas de su "triles". Hay que verla, no voy a explicar el argumento, ni en sinopsis.

¿Cual ha sido su fortuna en los premios Goya? (Def.:Los Goya son eso donde se llama actor/actriz a cualquiera que salga en una película). Parece que los miembros de la Academia priman la sordidez y la vulgaridad abrillantada. Los Goya, además de pasar por alto que Santiago Segura ha demostrado que puede hacer más cosas, han cerrado los ojos a la excelente interpretación de Álex Angulo: un gran actor que puede sostener una escena sin que se monte con "fragmentitos" de uno a tres segundos… Pero, también puede ser que no hayan entendido la película o que lo que han entendido no les gustara.

Decir que es un `biopic´ es mostrar la propia pereza intelectual o simplemente un honesto mostrar que no se tienen palabras. El problema de si es un argumento más o menos libre respecto a la vida "real" de Manuel Vázquez es un falso problema. Si Homero no hubiera narrado la Ilíada nadie hablaría de Aquiles: no vale desautorizar a Homero por el supuesto auténtico Aquiles del que no hay otra crónica que la del propio Homero. Imagino que de la vida del dibujante de Anacleto había fragmentos narrados. Imagino que para Oscar Aibar, a la hora de hacer el guión, estos fragmentos eran tanto un decir como un hacer más literal lo desconocido.

¿Y si hubiera sido un documental? Todo filmar irrealiza lo contado. Incluso el documental o el reportaje más en directo es real en otro lugar que en lo filmado. Esa aspiración a la irrealidad mínima y asociada a la seriedad es en sus productos: prensa-cine amarillos, los telediarios. No hay más realismo fuera del humor.

Un desertor de lo que se le viene encima.

El gran Vázquez trata de los roces y rebotes de la creatividad dependiente. El gran Vázquez trata de la precariedad del trabajo artístico. Vemos a Vázquez como un artesano/artista frente al mercado: la lógica de la distribución lo sitúa en la disyuntiva entre el adocenamiento o ser prescindible. Pero Vázquez no quiere trabajar en serie y quiere una biografía fuera de serie.

La película muestra muy bien el nacimiento de la gerencialidad ejercida sobre la creatividad, momento de reconversión y captura parasitaria de la historieta por la distribución. (El perrito de Mariscal ya nace como producto industrial y la referencia a que tiene autor es un componente más de valorización). Vázquez no puede romper las máquinas, como los ludistas, ni cortarse las manos, ni borrarse la habilidad: su producto es la forma y el contenido de la mercancía personaje. Una mercancía que nace de su habilidad e idiosincrasia, pero ya capturada por las condiciones de su distribución. En la novela histórica de Michael Chabon, Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, se explica la importancia de dominar el mercado, muy popular, de la historieta y del cómic en Estados Unidos.

En la película de Oscar Aibar se refleja muy bien ese momento en el que se reconoce la propiedad intelectual pero sólo en su desposesión, cuando engrosa la carpeta de copyrights de la empresa. Vázquez habla de "sus" personajes, pero, puestos en el mercado, él solo puede estar vinculado a ellos aceptando la rutinización del trabajo y la disciplinarización de su presencia. El gran Vázquez no presenta una gran guerra, como aquella de la prensa amarilla por el personaje The Yellow Kid, es una batalla individual perdida. Perdida como muchas otras que han hecho posible que se consolide la expropiación de las habilidades artísticas y los hallazgos expresivos singulares; que sólo puedan circular licenciables y bajo abusivas condiciones de patentabilidad: en perjuicio del propio autor y en beneficio de los Tedy….


Antonio Martínez Márquez

Blade Runner: una introducción a la filosofía

Posted: domingo, 1 de mayo de 2011 by Contacto in Etiquetas: , , ,
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País: Estados Unidos, Hong Kong
Año: 1982
Duración: 117 min.
Género: Thriller, Acción, Ciencia ficción
Reparto: Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos, M. Emmet Walsh, Daryl Hannah, William Sanderson, Brion James, Joe Turkel, Joanna Cassidy, James Hong, Morgan Paull, Kevin Thompson, John Edward Allen, Hy Pyke, Kimiko Hiroshige, Bob Okazaki, Carolyn DeMirjian, Ben Astar
Guión: Hampton Fancher, David Webb Peoples
Distribuidora: Warner Bros. Pictures
Productora: Shaw Brothers, Ladd Company, The, Run Run Shaw
Presupuesto: 28.000.000,00 $

“Todo lo que él quería eran las mismas respuestas que todos buscamos: de dónde vengo, adónde voy, cuánto tiempo me queda.” Deckard

Blade Runner fue estrenada en 1982 y ya se considera todo un clásico de la ciencia ficción, no solo por toda la influencia que ha ejercido sobre otras películas de ciencia ficción - como puede ser Matrix- o sobre el ciberpunk, sino también, por una serie de preguntas filosóficas que formula y que presentan una continua actualidad.

A pesar de que los efectos especiales hoy están bastante anticuados, la acción rápida de la película, los guiños al cine negro de los años 30 o 40 o incluso al western -con una temática que se puede relacionar a la de Sólo ante el peligro-, hacen que la película pueda ser atractiva para un público muy diverso.

Ahora bien, la mirada que trataré de ejercitar, con una clara intención didáctica – y siguiendo los consejos de Theodore Cooke en su artículo Using Blade Runner in Your Introduction to Philosophy Course -, la centraré fundamentalmente en poner de manifiesto los problemas esenciales del ser humano que la película presenta y, sobre todo, en el replanteamiento que a partir de Blade Runner podemos hacernos sobre qué es lo que nos hace ser personas. Mi expresa intención es remarcar los aspectos del guión fílmico que sirven para complementar el guión de mis clases de Filosofía e Historia de la Filosofía. Y, desde esta perspectiva, los puntos que trataré básicamente, aunque en el redactado están un poco mezclados, son:

1.     La dimensión personal del ser humano.
2.     Forma y límites en el reconocimiento de la identidad personal.
3.     La moral: ¿acaso matar a Dios humaniza o transhumaniza?
4.     El tiempo, el amor y la muerte.
5.     La vida personal como narración.

1. La dimensión personal del ser humano: sentimientos, logos y memoria
Blade Runner está ambientada en el futuro, en 2019, en la ciudad de Los Ángeles. Un grupo de Replicantes Nexus-6, robots creados por la Tyrell Corporation e  idénticos virtualmente a los hombres, han capturado una nave y se dirigen a la Tierra, planeta al que tienen prohibido el acceso, con la esperanza de descubrir su fecha de caducidad. Los replicantes quieren alargar sus vidas pero la policía tiene unidades especiales, que reciben el nombre de Blade Runners, encargados de “retirar” a estos seres cibernéticos.

Aunque los replicantes no son seres humanos, físicamente se parecen y, mas aún, actúan y piensan como nosotros. De hecho, la única manera de distinguir un replicante de una persona es por medio de la prueba Voight Kampff – que parece inspirada en el famoso Test de Turing -; prueba que trata de detectar las señales fisiológicas de la empatía y sirve para determinar a quién debe matar Deckard, el Blade Runner protagonista.



En este punto podemos comenzar a formularnos ya unas cuantas preguntas que nos introducen de lleno en la perspectiva filosófica. Por ejemplo, aunque un replicante no estuviese hecho del mismo material que nosotros, si fuera capaz de reaccionar y responder al igual que cualquier otra persona – Cfr., Searle, J., ¿Es la mente un programa informático?, en Investigación y ciencia, p. 162, 1990. - ¿no deberíamos reconocerlo como persona?  Y, por otro lado, observando sólo los estados fisiólogicos y la conducta, ¿podemos afirmar que el otro – humano o replicante – tiene experiencias similares a la nuestra? Es más, ¿podemos afirmar que los otros tienen mente, teniendo en cuenta que solo tenemos experiencia directa de nuestros propios estados internos?

Deckard aplica la prueba a Rachael, quien trabaja para el Dr. Tyrell, y descubre, con mucha dificultad, que ella también es una replicante, aunque ella no lo sabe. La incredulidad de Deckard se hace patente cuando se pregunta: "¿cómo puede no saberlo?” El Dr. Tyrell señala que le ha introducido un pasado personal en su memoria – recuerdos, experiencias que pertenecen a la infancia de su sobrina – que sirven de apoyo a sus emociones logrando así su mayor y progresiva humanización. Es decir, la memoria junto al desarrollo de sus sentimientos y su capacidad racional son la base de su identidad que le hace reconocerse a sí misma – tener autoconciencia - como humana. Memoria que a su vez, como señala el doctor, a ella le sirve para encontrar su identidad y al que la manipula para controlarla.

2. Forma y limites en el reconocimiento de la identidad personal
El hecho de que Rachael tenga recuerdos de acontecimientos que nunca ha experimentado realmente nos plantea un problema respecto a la consideración de lo qué entendemos por identidad personal. Según Locke, ni el alma, de la que no tenemos experiencia, ni el cuerpo, que puede sufrir modificaciones radicales con el paso del tiempo, pueden ser el fundamento de nuestra identidad personal; lo único que justifica nuestro yo es la conciencia, la uniformidad de la memoria. Ahora bien, si el cuerpo de Rachael posee el cerebro de la sobrina de Tyrell, ¿quién ha sobrevivido a la operación que ha unido ambas partes? Los avances tecnológicos hacen que este planteamiento no sea inverosímil y, sin embargo, ¿qué criterios nos servirían para saber quién sobrevive? Aunque nuestra sociedad hace hincapié en el cuerpo como marca de nuestra identidad: ¿qué problemas se presentan aquí cuando decimos que una persona es idéntica a su cuerpo? Y, por último, si los transplantes de cerebro o implantes de memoria son verosímiles, ¿quién puede afirmar que esto no haya sucedido ya?, ¿no seremos nosotros mismos un replicante?; y Deckard, ¿es un replicante, como sugiere el director de la película?

Más adelante, Rachael salva la vida a Deckard y éste, en una escena conmovedora, a pesar de que su jefe quiere que tambien mate a Rachael, le promete no matarla. Vemos claramente cómo, aunque Rachael está fabricada en un laboratorio, Deckard siente la obligación moral de protegerla, como si se encontrara ante otra persona. Ante Deckard, Rachael pasa a ser un sujeto legal portadora de derechos y deberes. Deckard lejos de considerar a Rachael como un objeto o cosa, como una mesa o un sofá, que no tiene derechos ni tiene por qué ser, por tanto, respetada, hace de ella un ser individual valioso en sí mismo; una persona digna. Ahora bien, si estamos dispuestos a considerar como personas a replicantes como Rachael porque parece que tiene pensamientos y sentimientos similares a los nuestros, ¿por qué no considerar personas a nuestras mascostas e incluso a un oso de peluche con el que un niño ha desarrollado su infancia?

La famosa diferencia de Descartes entre substancias extensas y substancias pensantes es fulminada en el momento que la replicante Pris, en un esfuerzo por convencer a JF Sebastian de su dimensión personal, pronuncia el famoso argumento de Descartes cogito ergo sum (pienso, luego existo). Literalmente, el guión dice: “I think, Sebastian, therefore I am.” Y pongo la frase original porque desgraciadamente, en un momento de alta tensión filosófica como éste, el traductor se lució diciendo “yo creo, Sebastian, que eso es lo que soy.”  Pero, volviendo al hilo de nuestras cuestiones, ¿podemos señalar en éste caso alguna diferencia si la declaración la pronuncia un hombre o un replicante, algo que no es engendrado sino que se produce en un laboratorio? Rachael se ve y actúa como lo haría un ser humano, e incluso está hecha del mismo material orgánico que nosotros. Entonces, ¿qué razón nos queda para no considerarla persona?

Aunque nosotros somos concebidos mediante la reproducción sexual y los replicantes se construyen en un laboratorio, más allá de nuestra diferencia en los puntos de origen, ¿hay alguna diferencia fundamental entre un replicante y un humano que nos permita decir categóricamente que nos diferenciamos los unos de los otros? Además, si tenemos en cuenta el desarrollo actual de la biotecnología deberíamos replantearnos  nuestra identidad como seres humanos incluso en nuestro punto de origen. Si bien, históricamente, la identidad humana venía justificada por la combinación azarosa de un cierto material genético (antropología física), ahora gracias a la biotecnología estamos alcanzando un control desbocado sobre la materia de nuestra identidad.  La posibilidad real de una civilización eugenésica, exige replantear los principios que configuran la identidad humana y valorar las posibles consecuencias filosóficas en nuestra dimensión personal.

3. La moral: ¿Acaso matar a Dios humaniza o transhumaniza?
Blade Runner también tiene la virtud de mostrar “la muerte de Dios” anunciada por Nietzsche en una metáfora audiovisual contundente, llena de tensión y belleza.


Una de las características fundamentales del ser humano es, o ha sido, también la de tener un padre, un padre moral que da la vida, orienta y limita.  Por otro lado, quizás sea también una característica humana la de rebelarse y pedir más al creador. Los replicantes buscan, como cualquier humano, que su creador les dé respuestas y sobre todo tiempo para poder luchar por sus vidas. Los replicantes tienen miedo a morir y exigen, con una desesperación muy humana, que sean modificadas sus capacidades. Cuando Roy, angustiado ante la muerte, asesina brutalmente a Tyrrell, su creador, se humaniza, asumiendo trágicamente su destino y recordándonos a los espectadores que nosotros también tenemos fecha de caducidad. Ahora bien, ¿detrás de la brutalidad que supone el asesinato del Creador, no podríamos ver en Roy un gesto de trans-humanidad que se manifiesta en su falta de resignación, en su deseo de vivir y su amor a la libertad? ¿Qué harías tú si supieses el tiempo de vida que te queda?

Como señala Hegel en la Fenomenología, el reconocimiento de los derechos o libertades pasa por una guerra a muerte entre el “señor” y el “esclavo” que busca ser reconocido. ¿Acaso no fue necesario en la Revolución Francesa cortar la cabeza al rey (representante de Dios en la tierra) para que el hombre pudiese crear sus propios derechos humanos? ¿Puede el hombre ser verdaderamente libre si su moral está sometida a imperativos que no proviene de su propia razón?

El aspecto juguetón de Roy, al final de la película, parece recordarnos a ese niño de Nietzsche que crea más allá de los valores tradicionales para escribir su propio camino, un camino que quizás ya tampoco sea del hombre, sino solo del  übermensch (superhombre o transhombre).

4. El tiempo, la muerte y el amor
El deseo de más tiempo de los replicantes los humaniza pero seguramente es el amor el aspecto más sorprendente que hace que podamos reconocerlos como personas. El amor libera del tiempo y rompe fronteras. Cuando Deckard le dice a Rachael que toca muy bien, hay una exaltación del presente mediante el amor, que hace que ya no importe su pasado ni su identidad, que todos los miedos se borren. Es como si Rachael naciese en ese momento; como si naciese en tanto que ser digno de amor y, en ese sentido, como portadora de derechos. 

Al final de la película, en el montaje del productor, el amor libera a Deckard y a Rachael también del futuro, del tiempo que les queda. El amor humaniza a Rachael pero también a Deckard al generarle sentimientos; la fuerza del sentimiento que les une hace que escapen de la esclavitud del tiempo, del miedo a la muerte. Gracias a la pasión amorosa, los protagonistas, muestran un desdén ante lo que les queda porque son felices en ese momento.

Pero también hay otra forma de amor - una forma de amor que sólo es posible a un ser sin resentimiento-, esto es, el amor a la vida de todos por encima de todo; es el amor que Roy muestra claramente al salvar a Deckard.

5. La vida personal como narración
No obstante, cuando Roy salva a Deckard también podemos verlo como una autosalvación. Después de escuchar las campanas que anuncian su muerte, Roy hace un monólogo que dibuja su identidad personal; un monólogo que, a diferencia de la transparencia del yo buscada en la modernidad, busca su identidad en el ir y venir del yo al contexto; un modelo de monólogo propio de nuestra forma contemporánea de darnos identidad. La visión personal de Roy vive gracias a la narración, narración que solo puede sobrevivir si le perdona la vida a Deckard. Acaso, ¿aquello que no podemos contar, no parece como si no hubiese existido?

Ante las puertas de la muerte, Deckard, con una paloma en la mano, que podríamos interpretar como el búho de la sabiduría, reflexiona y toma conciencia de su vida aunque ya sea demasiado tarde:

Cuando la filosofía pinta su gris sobre gris, entonces ha envejecido una figura de la vida y, con gris sobre gris, no se deja rejuvenecer, sino sólo conocer; el búho de Minerva sólo emprende su vuelo al romper el crepúsculo.  
(Hegel, Fundamentos de la filosofía del derecho, 1820)
 

                                                               
Damián Cerezuela Frías

Sufferosa, ¿cine 2.0?

Posted: domingo, 13 de febrero de 2011 by Contacto in Etiquetas: , , ,
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Sufferosa es la última propuesta del artista polaco Dawid Marcinkowski. Se trata de una película interactiva en la que seguimos los pasos de un investigador al que le encargan encontrar a una mujer desaparecida. Su investigación le lleva a una extraña clínica en la que parece que se llevan a cabo operaciones de estética.Podéis verla en el siguiente enlace:


Experimentos y muletillas.

Si en lo audiovisual hay una palabra que no se le cae de la boca a nadie es “experimental”. De seguir así – y sino al tiempo- acabará convirtiéndose en una proforma como “cosa” o tema”, es decir, palabra que por su escaso contenido semántico parecen tenerlos todos.

Hasta aproximadamente los años 30 del siglo XX el experimento consistía en un procedimiento mediante el cual se quería dar cabida a lo inesperado en la obra de arte. El sujeto anticipaba los resultados del experimento ateniéndose a un cociente necesario de imprevisibilidad y procuraba la búsqueda de lo nuevo por medio del intento consciente de probar opciones no asumidas por la sociedad. Esto implicaba, por lo tanto, una cierta intención por parte del artista que, previendo las posibilidades de la obra, en cierto modo las dirigía.

A partir de entonces la imprevisión se comió el proceso y el artista abandonó la obra a la completa arbitrariedad del azar, en un intento de borrar cualquier rastro de autoría y eliminando, por tanto, cualquier resquicio de anticipación e intencionalidad.

¿En qué lugar queda Sufferosa? Pese a todo el alarde estético del que hace gala, esta propuesta no está muy lejos de aquellos libritos de “Escoge tu propia aventura” que tanto nos entretuvieron en nuestros años mozos. Puedes escoger entre abrir la puerta de la derecha o de la izquierda, coger o no el ascensor, hablar más o menos (“ profundizar en la investigación”) con la gente que te sale al paso. Con lo cual, el papel del receptor es casi testimonial.

Se supone que el centro de gravedad del arte ha sufrido un desplazamiento y de algún modo es el discurso que genera la obra el que la complementa y le da sentido. Sufferosa no está menos cerrada que cualquier otra película de cine clásico, por muy interactiva que parezca, lo cual cumple la promesa del cine clásico pero no la del contemporáneo.

Materiales. Aquí lo tenemos: es lo audiovisual

Internet, como en un principio la televisión, apareció como un horizonte de posibilidades nuevo. Acorde con una de las ideologías en boga (comunicación, diálogo, etc...) parecía cumplir la promesa de la interacción, de la participación efectiva (y presuntamente democratizadora).

En poco tiempo se está viendo que no es oro (ni horizantalidad) todo lo que reluce. Hacía falta ser muy cándido para no ver que el desarrollo del medio implicaba un desarrollo de filtros y una jerarquía de contenidos que ofrecen una falsa idea de libertad y participación. En este caso particular, Sufferosa, se da una parodia de lo que se conoce por web 2.0. Aunque algunos siempre pueden consolarse pensando que, moviendo el ratón, están haciendo arte.


Comando anti-anti-envejecimiento (Miranda Rules)

Si la trama responde a un esquema clásico de cine negro (desaparición misteriosa e investigación esclarecedora) ésta se desenvuelve a través de un universo presumiblemente postmoderno centrado en la idea enfermiza de belleza que reina en la sociedad. Las personas ingresadas en la clínica de Von Braun, pelean denodadamente por regresar a una sociedad que sólo acepta lo joven. Tenemos una estética futurista-estilizada-decadente y una galería de personajes vanidosos y superficiales.

La respuesta dislocada viene de manos de un comando terrorista formado por dos preñadas suicidas y su jefa, que habla en español. Tenía que ser así de raro para seguir siendo moderno.

Pese a todo el alarde estético del que hace gala, en Sufferosa, tristemente, el medio es el mensaje. Y nada más.

Si queréis otra muestra de cine presumiblemente experimental, ahí va:
           
DELIVER ME TO HELL


Gorka Maiztegui Zuazo

CC

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